En plena carrera hacia la descarbonización, una nueva esperanza ha surgido desde el subsuelo. Investigadores de las universidades de Oxford, Durham y Toronto han publicado en Nature un estudio que podría redefinir el mapa energético global: la corteza terrestre alberga vastas reservas de hidrógeno natural, un gas limpio cuya extracción, de confirmarse viable a escala industrial, podría sostener las necesidades energéticas de la humanidad durante más de 170.000 años.
Lejos de los costosos métodos actuales de producción, este “hidrógeno geológico” sería una fuente renovable, abundante y libre de emisiones. El hallazgo se basa en una suerte de “receta geológica”, como la describen sus autores. No se trata simplemente de saber dónde buscar, sino de entender cómo se forma, migra y queda atrapado el hidrógeno en la corteza terrestre.
Resultados asombrosos
Según el estudio liderado por el profesor Chris Ballentine (Oxford), el proceso implica una interacción precisa entre tipos de roca (ricas en hierro), temperaturas, fluidos y tiempos geológicos. Un fallo en cualquiera de estos “ingredientes” puede impedir la acumulación del gas. Pero cuando se dan las condiciones adecuadas, los resultados pueden ser asombrosos.
Uno de los mayores obstáculos que enfrenta la industria del hidrógeno es que, actualmente, el 99% del hidrógeno utilizado proviene de fuentes fósiles, como el gas natural, lo que contribuye a un 2,4% de las emisiones globales de CO₂. Las alternativas, como la electrólisis con energía renovable, siguen siendo caras e ineficientes. Por eso, encontrar depósitos naturales de hidrógeno —una forma de “energía lista para usar”— podría cambiar las reglas del juego. Como recuerda la coautora del estudio, la geóloga Barbara Sherwood Lollar, no basta con encontrar gas: también hay que evitar zonas donde bacterias subterráneas lo consuman antes de que se acumule en cantidades útiles.
Este hallazgo también desmonta una vieja hipótesis: que el hidrógeno más prometedor podría estar en el manto terrestre. En cambio, el nuevo estudio redirige la atención hacia la corteza continental, mucho más accesible y abundante. Algunas formaciones tienen apenas unos millones de años; otras, más de 2.000 millones. Pero lo importante no es su antigüedad, sino su capacidad para generar, preservar y sellar el hidrógeno. Las condiciones necesarias son más comunes de lo que se pensaba, lo que abre la puerta a exploraciones en distintas regiones del mundo, desde África hasta Sudamérica o Europa del Este.
Los investigadores no han tardado en mover ficha: han fundado Snowfox Discovery Ltd., una empresa que pretende liderar la localización de estos reservorios naturales. Su enfoque es doble: acelerar la transición energética sin pasar por el costoso y contaminante proceso industrial actual, y hacerlo desde una lógica de sostenibilidad y viabilidad económica. Si logran confirmar la existencia de estos depósitos en lugares estratégicos, estaríamos ante una fuente energética capaz de complementar o incluso sustituir al hidrógeno producido artificialmente.















