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Científico de Harvard afirma haber hallado el Cielo, combinando ciencia y citas bíblicas: desconcierta a astrónomos y creyentes

Michael Guillen, exprofesor de Harvard, afirma que el Cielo está más allá del universo observable, donde el tiempo se detiene y reina la atemporalidad absoluta.
Científico de Harvard afirma haber hallado el Cielo, combinando ciencia y citas bíblicas: desconcierta a astrónomos y creyentes
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Actualizado: 9:30 24/1/2026

El Dr. Michael Guillen, exprofesor de física en Harvard, ha puesto sobre la mesa una teoría que ha capturado la atención tanto de creyentes como de científicos escépticos. Su propuesta sugiere que es posible discutir la ubicación del Cielo con herramientas de la cosmología moderna, situando el “Paraíso” más allá del Horizonte Cósmico, el límite práctico del universo observable desde la Tierra. Lo sorprendente es la mezcla de física, Big Bang y Biblia: un híbrido que provoca fascinación y polémica por igual.

Científico de Harvard asegura haber encontrado el Cielo usando física y Biblia: causa sorpresa entre astrónomos y creyentes

Guillen no es un desconocido. Doctor en física, matemáticas y astronomía, con años de docencia en Harvard, combina credenciales académicas con un lenguaje impactante que convierte una especulación cosmológica en un titular irresistible. Su tesis propone que ciertas regiones del universo se alejan de nosotros tan rápido que la luz que emiten nunca llegará a la Tierra.

Espacio

Aquí entra en juego el Horizonte Cósmico: un “muro” observacional que marca un límite absoluto, no por falta de telescopios, sino por la velocidad finita de la luz y la expansión acelerada del cosmos. Más allá, dice Guillen, el tiempo se detiene, no existe pasado, presente ni futuro, y reina una atemporalidad absoluta. Para él, esta es la puerta a lo que tradicionalmente llamaríamos Cielo.

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El razonamiento se apoya en observaciones fundamentales. Por un lado, el universo se expande y, por otro, cuanto más lejos está un objeto, más rápido se aleja. Este fenómeno, documentado desde Edwin Hubble, convierte el cielo observable en un horizonte en constante movimiento, donde ciertas galaxias se tornan eternamente inalcanzables. Guillen extrapola esta idea a lo teológico: el Cielo sería una región fuera del espacio-tiempo convencional, inaccesible y atemporal, exactamente como describen muchas tradiciones religiosas.

El razonamiento se apoya en observaciones fundamentales para adaptarlas a las creencias: el universo se expande y cuanto más lejos está un objeto, más rápido se aleja

Para reforzar la metáfora, el científico sitúa los “niveles del Cielo”: desde la atmósfera terrestre, pasando por el espacio exterior, hasta alcanzar la región más alta, donde habitaría Dios y almas inmateriales. La polémica surge porque lo que para los astrónomos convencionales es simplemente un límite observacional, para Guillen se convierte en un lugar concreto, con propiedades metafísicas definidas.

La teoría divide porque ofrece algo que pocos se atreven: una dirección concreta al Cielo, un puente entre fe y ciencia que resulta tan seductor como arriesgado. Preguntas fundamentales quedan abiertas: si estas regiones son eternamente indetectables, ¿cómo sostener que ahí existe algo con características específicas? ¿Qué significa realmente que “el tiempo se detiene” allí? La discusión, lejos de resolverse, apenas comienza.

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