Más allá de los problemas con los chipset por culpa del cierre del estrecho de Omuz y los inconvenientes derivados del consumo energético, un estudio reciente publicado en Ciencias Ambientales y Ecotecnología enciende todas las alarmas sobre el cobalto, el mineral crítico para las baterías de iones de litio y los vehículos eléctricos.
Según la investigación, la cadena de suministro mundial de este metal no es solo vulnerable: podría colapsar de forma abrupta y generalizada si las perturbaciones locales se expanden entre países y etapas de producción, poniendo en riesgo la transición energética global.
El riesgo del cobalto va mucho más allá de fallos aislados. Los investigadores advierten que interrupciones en un solo punto pueden propagarse como un efecto dominó, afectando no solo la extracción, sino también el refinado, la manufactura y la distribución. La investigación combina análisis de flujos de materiales con un modelo de propagación multicapa, demostrando que los cuellos de botella en refinación y fabricación concentran los impactos más graves.
Los expertos señalan que las perturbaciones se desplazan horizontalmente entre países y verticalmente a lo largo de la cadena de producción, siguiendo rutas directas e indirectas. Esto genera efectos en cascada que pueden provocar fallos repentinos y no lineales, dejando al descubierto la fragilidad de un sistema que a simple vista parecía robusto.
La creciente demanda de cobalto, impulsada por la expansión de los vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento energético, ha intensificado los riesgos asociados a la concentración geopolítica, la vulnerabilidad ambiental y la tensión en la producción. Los enfoques tradicionales, que se centran en países o flujos comerciales aislados, subestiman la complejidad real de la red global, mucho más frágil y dependiente de lo que parece. Restricciones comerciales, disputas internacionales o pandemias recientes han demostrado que las crisis localizadas pueden propagarse rápidamente a escala global. La guerra de Irán ha sido el gran detonante del miedo en los mercados.
Para comprender el alcance real de estos riesgos, los investigadores construyeron una red de cadena de suministro que conecta 230 países a lo largo de seis etapas: extracción, refinado, fabricación, uso y reciclaje. Simularon cómo una escasez de suministro o una caída de la demanda en un punto determinado pueden generar fallos en cascada en otras áreas. Los resultados revelan que las interrupciones se amplifican en los eslabones intermedios de la cadena, donde la densidad de conexiones multiplica los impactos.
Entre las conclusiones más destacadas se encuentra la existencia de una «red en cadena» cuatro veces más densa que la red comercial física, lo que evidencia interdependencias ocultas. China y Estados Unidos se identifican como puntos críticos: cualquier fallo en estos países podría colapsar la cadena global. Incluso países con baja producción, pero alta exposición a la cadena, son vulnerables y tienen una capacidad limitada para reaccionar ante interrupciones.
En última instancia, el futuro de la transición energética no solo depende de la disponibilidad de cobalto, sino también de la gestión eficaz de las intrincadas redes globales que facilitan su distribución. Una cadena de suministro débil podría obstaculizar la revolución eléctrica que anhela el mundo entero.
