China está levantando, a casi tres mil metros de altitud en la meseta tibetana, el mayor sistema fotovoltaico continuo del planeta: el parque de Talatán, en el condado de Gonghe (Qinghai). Hoy sus paneles cubren en torno a 162 millas cuadradas (unos 420 km²), ya por encima del término municipal de Málaga (≈398 km²), y el plan oficial fija una expansión hasta rebasar los 600 km² (≈610 km² según la cobertura de Associated Press).
Ese tamaño descomunal no es capricho: el aire más fino y las bajas temperaturas mejoran el rendimiento de los módulos, y el desierto altoandino de Qinghai ofrece espacio y radiación solar abundantes. Conviene, eso sí, matizar la caricatura del “lugar vacío”: es una región de muy baja densidad donde siguen trabajando pastores y comunidades locales.
El músculo eléctrico también es singular. El clúster de Talatán suma del orden de 16,9 GW de potencia solar y opera en tándem con 4,7 GW eólicos y 7,38 GW hidroeléctricos cercanos; la propia prefectura habla ya de 17,7 GW fotovoltaicos conectados a red a cierre de 2024. Este acoplamiento de tecnologías reduce la intermitencia: el viento de noche sostiene la inercia del sistema y los embalses aledaños aportan regulación. En paralelo, Pekín empieza a mirar este “laboratorio a gran escala” como columna vertebral energética para cargas digitales crecientes, entre ellas los centros de datos que exigen la nueva ola de IA.
Evacuación UHV y redes
La clave de bóveda es la evacuación. Desde Talatán parte una “autopista eléctrica” en corriente continua de ultra-alto voltaje (±800 kV) que cruza 1.587 kilómetros hasta Henan con 8 GW de capacidad y unos 40 TWh/año de transferencia prevista. Es el primer canal UHV concebido específicamente para sacar masivamente renovables del altiplano hacia el este industrial; los planes añaden nuevos corredores hacia otras provincias como Guangdong para seguir drenando excedentes. Sin estas líneas, el mayor parque solar del mundo sería, en la práctica, una isla energética.
No obstante, el talón de Aquiles tiene nombre: vertidos y subutilización (“curtailment”). El boom de capacidad ha tensado las redes occidentales chinas y, en la primera mitad de 2025, la tasa de recorte de solar subió a ~6,6% a nivel nacional, con picos significativamente mayores en provincias de alto recurso como Tíbet y Qinghai. La respuesta combina más almacenamiento en baterías, mejor despacho hidro-solar-eólico y un giro regulatorio hacia precios más “de mercado” para las nuevas renovables. Aun así, los analistas advierten que reforzar la red y acelerar el mallado UHV seguirá siendo determinante para convertir potencia instalada en energía útil.
Integración territorial y pastoralismo
El despliegue ha ido acompañado de fórmulas de integración territorial que conviene escrutar. Talatán es vitrina de la fotovoltaica “pastoril”: paneles arriba, pasto y rebaños debajo, con revegetación en suelo antes degradado por la desertificación. Organismos locales y medios estatales destacan aumentos de cobertura vegetal y trabajos auxiliares para ganaderos; otros informes recuerdan que hay que vigilar impactos acumulados (fragmentación de hábitats, polvo, mantenimiento hídrico). En cualquier caso, no estamos ante un “no-lugar”: la transición energética china, aquí, convive con economías pastoriles de baja densidad.
El contraste histórico ayuda a poner el proyecto en contexto. China ya mostró su pulsión por las macro-infraestructuras con la presa de las Tres Gargantas: un coloso hidroeléctrico cuya masa de agua, según cálculos divulgados por científicos de la NASA a mediados de los 2000, puede mover grandes agujas climáticas —un efecto real, pero ínfimo—. Talatán apunta a otra ambición: mover grandes agujas climáticas sin esas externalidades geofísicas, sustituyendo carbón en los polos de consumo a mil y pico kilómetros.















