En el desierto de Taklamakán, una de las regiones más áridas y extremas del planeta, China está llevando a cabo una de sus operaciones más ambiciosas hasta la fecha: la perforación del pozo Shendi Take-1. Con una profundidad actual de 10.910 metros, este coloso subterráneo no sólo se ha convertido en el más profundo de Asia, sino que simboliza la nueva etapa de explotación energética del gigante asiático.
La empresa estatal China National Petroleum Corporation (CNPC) lidera esta proeza técnica, que no solo busca extraer petróleo y gas, sino también abrir nuevas fronteras en la investigación geológica. El pozo, situado en la cuenca de Tarim, apunta directamente a una de las mayores reservas de petróleo y gas del país, aunque con una dificultad añadida: más del 60% de esos recursos están enterrados a profundidades superiores a los 6.000 metros.
Un pozo de 11 kilómetros
La perforación ha sido rápida en términos relativos: en solo 580 días se alcanzaron casi los 11 kilómetros, aunque los últimos 910 metros han requerido más de la mitad del tiempo debido a la complejidad extrema del subsuelo. A más profundidad, mayor presión y temperaturas que superan los 210 °C, lo que exige materiales y tecnologías punteras capaces de resistir condiciones que desafían cualquier lógica industrial convencional, tal y como recoge Xataka.
Para ello, CNPC ha desarrollado herramientas inéditas como brocas recubiertas de diamante y sistemas automatizados de perforación, junto con refrigerantes especiales para disipar el calor. Lo destacable es que el 90% de estos avances tecnológicos han sido fabricados en China, lo que permite replicarlos a gran escala sin depender del mercado internacional. Así, el Shendi Take-1 no es un hecho aislado, sino la punta de lanza de un plan mayor: convertir a China en potencia líder en perforación ultraprofundas, tanto por razones energéticas como estratégicas.
Además de su interés económico, el proyecto tiene un segundo objetivo: el conocimiento científico. Cuando alcance los 11.100 metros previstos, habrá atravesado 13 capas geológicas, incluyendo formaciones rocosas con más de 500 millones de años de antigüedad. Esta información será vital para los estudios sobre la estructura de la corteza terrestre en Asia y podría proporcionar claves inéditas sobre la evolución del planeta. En este sentido, el pozo Shendi Take-1 no solo rivaliza con el mítico SG-3 soviético (12.262 metros), sino que lo supera en funcionalidad al combinar ciencia y extracción de recursos.















