James Cameron está preparado para el peor de los escenarios posibles: un posible traspiés de Avatar: Fuego y Ceniza en la taquilla. Cameron tiene preparado un plan de contigencia para, en el peor de los casos, replantear su saga de ciencia ficción. Una estrategia muy similar a la que ya utilizó antes del lanzamiento de Avatar: El sentido del agua en 2022 que, aunque no lo parezca, no las tenía todas consigo.
Parece que Cameron disfruta jugando con la expectativa, creando escenarios apocalípticos que, en el fondo, sabe que jamás se materializarán. Y es que basta echar un vistazo a las predicciones de taquilla para darse cuenta de que, al menos sobre el papel, nadie espera un desastre absoluto. Aún así, el polémico cineasta, es muy precavido.
James Cameron en alerta: el estreno de Avatar: Fuego y Ceniza podría ser el más débil de la saga de ciencia ficción
Según publica Deadline, se calcula que Avatar: Fuego y Ceniza podría arrancar con entre 100 y 130 millones de dólares en su primer día en Estados Unidos. Una cifra respetable, pero claramente inferior a la apertura que tuvo El sentido del agua, que se esperaba entre 150 y 175 millones y que terminó acumulando 134,1 millones. Aun así, estos números siguen siendo mucho más sólidos que los 77 millones de dólares que recaudó la primera Avatar en 2009, una muestra de que la saga sigue teniendo tirón casi dos décadas después.
Las estimaciones se elaboran comparando lanzamientos anteriores en fechas similares y observando el interés del público. Estrenos de gigantes como las películas de Marvel en temporada navideña suelen garantizar éxito inmediato, aunque el público no es exactamente el mismo que el de Cameron: muchos fans de Avatar prefieren ver la película en 3D o IMAX, buscando una experiencia inmersiva que solo la gran pantalla puede ofrecer.
Con apenas tres semanas para que Fuego y Ceniza aterrice en los cines, los ojos están puestos en ver si Cameron tenía motivos para preocuparse o si todo era parte de un plan mediático bien calculado para mantener la saga en el centro del debate. Al final, como suele suceder con las películas del cineasta canadiense, lo que importa no son los números del estreno, sino la experiencia de sumergirse en su universo visual.















