Mario Tennis Fever sorprende desde el primer momento respecto a Mario Tennis Aces. Desde el mismo menú. Ahí, el juego de Switch 2 parece una respuesta al fallo principal del juego de Switch, por lo demás un arcade de tenis fantástico. Fever está repleto de modos, de personajes, de escenarios, y por supuesto, de novedades. Entre ellas, las que más nos llamaron la atención en este primer contacto de algo menos de una hora fueron las raquetas Fever, que aportan variedad y estrategia, y los efectos maravilla procedentes de Super Mario Bros. Wonder.
En la pista, Mario Tennis Fever es más rápido, más estratégico y todavía más divertido que su predecesor. Pero que tenga más chicha no conlleva que los controles sean menos accesibles: tanto moverse como golpear la bola es satisfactorio y cualquiera puede divertirse nada más coger el mando, pues tanto los golpes normales como las magias se comprenden e interiorizan fácilmente.
Los golpes clásicos, como los liftados, los cortados y los globos se acompañan de algunos nuevos como los deslizamientos y el golpe en salto, que permite llegar a las bolas más alejadas mediante pura habilidad en lugar de mediante la activación de poderes de ralentización y otras habilidades que estaban en Aces y podían hacer la jugabilidad básica un tanto compleja para los jugadores menos experimentados.
Pero con eso no queremos decir que haya menos complejidad y decisiones a tomar en el terreno de juego, sino todo lo contrario. Todos los golpes normales se pueden cargar, y hay que estar al quite para devolver las bolas que vengan bien posicionadas. Una estrella en la pista indica que, si nos colocamos ahí antes de que la bola rebote, podemos devolverla a donde apuntemos: la acción se ralentiza momentáneamente y con un cursor indicamos hacia donde irá el tiro.
Los partidos nos han parecido, por supuesto, divertidísimos, pero también más frenéticos que en anteriores entregas. Eso es así tanto al jugar en solitario contra la máquina como al jugar contra otra persona, pero brilla especialmente al jugar a dobles con cuatro jugadores en una misma consola. Aunque depende a quién tengas enfrente, pues a pesar de su espíritu arcade, es un videojuego competitivo en el que el equilibrio en la habilidad de los participantes tiene más peso en el disfrute de la partida que en, por ejemplo, Mario Kart.
38 personajes y 30 raquetas Fever
La complejidad táctica perdida en el momento a momento de la partida al eliminar el indicador de resistencia se gana en complejidad estratégica con los personajes y las raquetas. Cada uno de los individuos procedentes del Reino Champiñón, divididos en diferentes categorías, se controlan de manera muy diferente. Hay que jugar con otra mentalidad al controlar a Mario, a Chomp Cadenas o a la estrella de la función, Baby Waluigi.
Ya de por sí los 38 personajes dan muchísima variedad y combinaciones posibles en los partidos de dobles, pero las raquetas furor multiplican las posibilidades exponencialmente. Podemos equipar a cualquiera de los tenistas con la raqueta que queramos, cada cual con efectos chulísimos que aportan táctica y caos. Hay una que llena la pista y la pantalla de tinta que nos desliza y nos impide ver, otra que hace invisible a quien la blande, otra que duplica al personaje e incluso hay una que invoca enemigos.
Esos efectos se activan una vez llenamos el indicador de golpes furor conforme devolvemos bolas y anotamos puntos. Pero la gracia está en que no es un simple golpe con esos efectos, sino que con algunos de los poderes, la bola en sí obtiene la magia, así que nos podemos ver jugando con una pelota rodeada de llamas que nos restará salud si nos toca o con una bola gélida que puede congelarnos si nos roza.
Las 30 raquetas Fever y las los 38 personajes dan muchas combinaciones posibles, a las que hay que sumar los diferentes tipos de bola (con más o menos rebote, por ejemplo) y los diferentes terrenos de las pistas, pues la pelota no se comporta de la misma manera sobre arena que en césped.
Unas pistas que son una maravilla
En ese cóctel falta otra de las grandes novedades: las pistas maravilla. La idea se extrae de Super Mario Bros. Wonder, el plataformas donde se desataban efectos alocados y cómicos al recoger una flor maravilla. Pues bien, en Mario Tennis Fever hay pistas en las que, en medio del partido, puede aparecer una de esas flores. Al impactarla con la pelota, comienza un minijuego divertido y caótico, como que aparezcan decenas de hipopótamos hinchados y tengamos que identificar y golpear los que ocultan una semilla maravilla o que la red se transforme en una sucesión de tuberías móviles por las que pasean plantas piraña que dificultan que alcancemos las semillas que aparecen.
Las partidas en pistas maravilla que jugamos con otros tres jugadores fueron graciosas y divertidísimas porque, aunque se podía haber caído en el riesgo de que estos minijuegos alteraran demasiado el espíritu del tenis arcade y convirtieran los partidos en otra cosa, lo cierto es que requieren de habilidades similares a los encuentros en las canchas normales: ser ágiles, apuntar con precisión y predecir los movimientos del rival. Son momentos caóticos que, con pericia, se pueden controlar.
También son situaciones en las que la pantalla se llena de efectos, elementos y color. Mario Tennis Fever se ve muy bien, muy nítido y supone un salto más que notable respecto a la anterior entrega. Solo hemos podido jugar en modo televisor, donde funcionaba a 60 FPS tan sólidos como el pecho de Donkey Kong. Pero más allá de tecnicismos, sorprenden los detallitos de ambientación, como la Flor Parlante que comenta los encuentros (en España estará doblada) o que en la cancha veamos publicidad ficticia de barritas de proteínas promocionadas por el simio de Nintendo.
El Mario Tennis con el que Nintendo conmemorará el 40º aniversario de Super Mario Bros. es más estratégico y menos pausado que su predecesor, y tiene mogollón de opciones que prometen dar variedad y longevidad. En la pista es satisfactorio desde el primer momento, y queda por comprobar si los modos Torneo, Torres de los retos, los diversos minijuegos tienen fuelle. Lo que separará a Mario Tennis Fever de ser un buen arcade de tenis de ser uno fantástico será, en primer lugar, si el modo Historia recuerda más al de las entregas de Game Boy o al de Aces, y más importante aún, si el modo online funciona como debe y tiene los alicientes para coger la raqueta una y otra vez. Lo comprobaremos el 12 de febrero.
Hemos realizado estas impresiones tras jugar a una versión en desarrollo en un evento invitados por Nintendo of Europe.























