Es difícil recordar otro indie reciente que haya crecido tanto junto a su comunidad como lo ha hecho Cult of the Lamb. Desde su estreno en 2022, el juego de Massive Monster y Devolver Digital no ha dejado de expandirse, mutando de una curiosidad simpática a un gigante del género gracias a un goteo constante de amor en forma de actualizaciones gratuitas. Hemos visto llegar mecánicas de profundidad social con Sins of the Flesh e incluso el ansiado modo cooperativo que permitía compartir la carga del liderazgo. Sin embargo, Woolhaven es diferente: estamos ante la primera gran expansión de pago, una que no se limita a añadir más cosas, sino que se atreve a alterar los cimientos de la gestión del culto para convertirlo en algo mucho más hostil, complejo y de una novedad reluciente.
Lo que nos propone Woolhaven es un viaje al pasado para salvar el futuro. Tras haber derrotado a los cuatro Obispos de la campaña base (requisito indispensable para acceder a este contenido, algo que debéis tener en cuenta) , se nos abre la puerta a Vellones Elíseos, el hogar ancestral de los corderos. Allí nos espera Yngya, una deidad olvidada ligada al invierno y a la putrefacción que nos encomienda la tarea de restaurar su gloria perdida. Es un punto de partida narrativo que sirve para expandir considerablemente el lore del universo, dándonos respuestas sobre el origen de nuestro protagonista que los fans agradecerán enormemente.
Cuando la gestión se convierte en supervivencia
Si el juego base nos enseñó a gestionar la fe, Woolhaven nos enseña a gestionar la temperatura. La gran novedad mecánica es la llegada del invierno, un cambio climático que afecta drásticamente al día a día de la aldea. Ya no basta con adoctrinar y alimentar; ahora hay que luchar contra el frío: las ventiscas pueden congelar nuestros cultivos, paralizar la producción e incluso matar a nuestros adeptos si no tenemos cuidado . Esto nos obliga a construir nuevas estructuras, como hornos y saunas, racionar mejor la comida y a recolectar nuevos recursos para mantener el calor, añadiendo una capa de supervivencia que le sienta de maravilla a la fórmula.
Es interesante cómo esta hostilidad climática dialoga con las nuevas mazmorras: las nuevas zonas ofrecen un contraste visual precioso entre la nieve inmaculada y la carne corrupta, pero también aumentan el nivel del desafío. Los enemigos son más agresivos y requieren nuevas estrategias, invitándonos a usar un arsenal renovado donde destacan armas como la maza (desde ya nuestro arma favorita), que permite controlar el espacio y golpear a distancia con una contundencia muy satisfactoria.
Pero no todo es sufrimiento en la nieve. Woolhaven sabe cuándo apretar y cuándo dejar respirar, introduciendo mecánicas más cozy que aportan un necesario relax. La inclusión del rancho es quizás la más destacable: poder criar animales, cuidarlos y obtener recursos como lana nos ha parecido un añadido encantador que refuerza esa sensación de estar construyendo un hogar, no solo una secta. También hay espacio para el ocio con nuevos minijuegos: construir un muñeco de nieve que después cobra vida, por ejemplo, o un minijuego de estrategia tipo piedra-papel-tijera que, sin ser revolucionario, ofrece una distracción divertida para esos momentos en los que no nos apetece salir de cruzada.

Una vuelta a casa no exenta de fricciones
Hay que decir, eso sí, que volver a Cult of the Lamb a estas alturas puede ser abrumador. Al ser un contenido diseñado para el endgame, el juego asume que dominamos todas sus mecánicas. Si, como nosotros, llevabais un tiempo sin jugar, retomar una partida avanzada con una secta masiva y llena de edificios, y tener que adaptarla de golpe a las exigencias del invierno, puede generar una fricción inicial importante. Es un DLC que exige atención y memoria muscular, y que quizás no sea tan amable con el jugador que regresa oxidado.
Aun así, la cantidad de contenido es generosísima. Hablamos de una expansión que prácticamente duplica el tamaño del mapa y añade horas y horas de juego entre la historia principal, las nuevas misiones secundarias y la recolección de coleccionables. La sensación de progreso es constante, y ver cómo nuestra aldea se adapta y crece bajo la nieve es tremendamente gratificante. Es la excusa perfecta para volver a Cult of the Lamb si hace tiempo que no pasas de visita por tu secta, aunque sin duda quienes más disfrutarán de esta expansión son las personas que jamás la han abandonado y han seguido de cerca todos los añadidos que han ido trayendo las anteriores actualizaciones menores.

Conclusiones
Woolhaven es el broche de oro para un juego que ya era excelente. Massive Monster ha sabido leer perfectamente qué necesitaba Cult of the Lamb: no solo más niveles, sino nuevas formas de interactuar con el mundo. La mecánica del invierno transforma la rutina de gestión en un reto de supervivencia fresco y tenso, mientras que el rancho y la nueva narrativa aportan corazón y contexto. Pese a que la barrera de entrada puede ser un poco alta si tenéis vuestra partida muy oxidada, es una expansión imprescindible que demuestra que al Cordero todavía le queda mucha guerra que dar. Es, en definitiva, la excusa perfecta que estábamos esperando para volver a enfundarnos la túnica.
Hemos realizado estas impresiones gracias a un código de PC proporcionado por Cosmocover.























