Análisis Little Nightmares VR: Altered Echoes, una correcta aunque cortísima aventura de terror para la realidad virtual (PS5, PC)
La sola idea de jugar a un juego de terror en realidad virtual resulta indescriptiblemente atractiva. A fin de cuentas, cuando queremos pasar miedo, buscamos la máxima inmersión posible, y no hay nada que sea más inmersivo que la experiencia que es capaz de ofrecer esta tecnología. Por ello, el anuncio de Little Nightmares VR: Altered Echoes captó rápidamente nuestra atención, ya que la saga de Bandai Namco parecía perfecta para una adaptación de este tipo. Y ya con el juego en nuestras manos y tras haberlo completado podemos confirmar que, efectivamente, hay mucho potencial aquí y algunos buenos momentos, aunque no podemos quitarnos de la cabeza la sensación de que se trata de una oportunidad perdida de haber hecho algo realmente grande y memorable.
Una nueva forma de experimentar los miedos de la infancia
Así pues, lo primero que debéis saber es que nos encontramos ante una aventura de terror que adapta con acierto la fórmula de la serie a la realidad virtual, proponiéndonos una combinación de sigilo, puzles y persecuciones con un fuerte componente de ensayo y error para los momentos en los que entran en escena los enemigos.
Una de las mayores peculiaridades de este spin-off respecto a las entregas numeradas de la serie es que aquí jugamos con una cámara en primera persona, lo que ayuda a potenciar la sensación de ser unos simples niños que se están moviendo por un oscuro mundo en el que todo resulta gigantesco, una escala que sus diseñadores han aprovechado realmente bien para crear situaciones y rompecabezas que de otro modo no habrían sido posibles.
Esta vez encarnamos a Dark Six, quien tras una de las escenas clave de Little Nightmares 2, debe emprender un viaje para reencontrarse con su otra mitad. La historia, como podréis suponer, está narrada de un modo tremendamente críptico que lo deja todo a la libre interpretación de los jugadores, aunque en este caso concreto nos ha parecido más una excusa para lanzarnos a explorar una serie de niveles sin demasiada conexión entre sí que otra cosa.
Las fases como tal tienen un desarrollo extremadamente lineal y apenas dan margen a la exploración. Nuestro objetivos en ellas es, simple y llanamente, avanzar superando las distintas situaciones que se nos vayan planteando. Como hemos dicho anteriormente, estas pueden implicar la resolución de algún puzle, superar una sección de sigilo o escapar de un monstruo mientras nos persigue.
A pesar de que dicho así podría parecer que se trata de un juego poco variado, lo cierto es que nos ha sorprendido su capacidad para plantear momentos lo suficientemente distintos entre sí como para nunca llegar a caer en la monotonía. Cada fase tiene sus peculiaridades mecánicas y los monstruos nos plantean desafíos que nos requieren que actuemos de un modo diferente para que no nos pillen, suponiendo pequeños rompecabezas en sí mismos que nos dejan con algunas de las mejores partes de la aventura.
Un detalle interesante es que el leve componente plataformero que tenían las entregas principales se ha sustituido por secciones de escalada, ya que no podemos saltar como tal, aunque no nos han parecido nada especial o memorable. Construyen bien la tensión cuando debemos ascender mientras un enemigo intenta darnos caza, pero rara vez intentan ir más allá de tener que buscar el siguiente asidero.
Obviamente, aunque sea en realidad virtual, esto sigue siendo un Little Nightmares puro y duro, por lo que su planteamiento es bastante rígido y no admite soluciones alternativas a los problemas que nos vamos a encontrar, obligándonos constantemente a realizar los pasos y acciones que el juego quiere que hagamos para progresar. Un fallo y estamos muertos, ya sea por alguna trampa o por algunos de los seres que nos intentan dar caza, por lo que el ensayo y el error es algo que está muy presente durante toda la obra. No lo decimos como algo negativo, ya que forma parte de la esencia de la serie, pero sí que conviene que seáis muy conscientes de ello. Al menos, morir no es nada frustrante, ya que las cargas son inmediatas y hay infinidad de puntos de control.
En lo que respecta al uso que el título da a las capacidades exclusivas de la realidad virtual, debemos decir que nos ha dejado un poco fríos, ya que hay muy pocos elementos con los que podemos interactuar, la interacción con objetos grandes y pesados no está nada conseguida y no es capaz de ofrecer nada mínimamente nuevo, creativo o sorprendente. Lo mejor, con diferencia, es la lograda sensación de escala y cómo esta se aprovecha para obligarnos a hacer cosas como tener que buscar algo que podamos utilizar para pulsar, por ejemplo, el botón de un ascensor al que no llegamos por nuestro pequeño tamaño.
Como decimos, en líneas generales es una aventura entretenida y amena que si bien nunca llega a destacar en nada de lo que hace, tiene algunos momentos interesantes y muy inmersivos que hemos disfrutado. Desgraciadamente, dura un suspiro y es perfectamente posible llegar a sus títulos de créditos en apenas un par de horas. Lo peor es que tampoco nos da casi ningún incentivo para rejugarlo, ya que sus escasísimos coleccionables no son especialmente interesantes. Como mucho, podéis intentar alargar la experiencia completando sus trofeos y logros, pero eso no evita que nos hayamos quedado con la sensación de que sus desarrolladores se han quedado demasiado cortos y de que el juego pide a gritos el doble de fases para, al menos, equiparar su duración a la de la entrega original de la saga.
En lo que respecta a su apartado gráfico, hemos echado en falta un mayor detalle en los escenarios y mejores texturas, aunque a cambio el modelado de los personajes está bastante bien, las animaciones son buenas y la dirección de arte es exactamente la que esperaríamos ver en una entrega de esta serie, asemejándose más a los dos primeros juegos que al tercero (lo que nos parece un acierto). No es que consiga dar mucho miedo, pero ese ambiente siniestro y malsano que tanto caracteriza a estas producciones está muy conseguido.
El sonido sí que nos ha gustado bastante. Sí, los pocos temas musicales que escuchamos están, en su mayoría, reciclados, pero siguen funcionando perfectamente y se comportan de manera dinámica para subir los niveles de tensión cuando toca, aunque lo mejor lo tenemos en los efectos, con ruidos de toda clase que nos tienen siempre alerta a la vez que juegan con nuestra mente.
Conclusiones
Little Nightmares VR: Altered Echoes no es para nada un mal juego. Se trata de una aventura entretenida, amena y con buen ritmo que adapta con acierto la fórmula de la saga a la realidad virtual, pero que rara vez llega a sorprender o a destacar, limitándose simplemente a cumplir con corrección durante las escasísimas dos horas que dura, una cifra que resulta inevitablemente escasa y que no termina de satisfacer. Es una pena, ya que el potencial para haber llegado mucho más lejos está ahí, pero no se ha terminado de explotar. Como consecuencia, es un título que no podemos recomendar con facilidad, pero al que quizá queráis echar un vistazo si os gusta mucho la saga y buscáis experimentarla desde una nueva perspectiva.
Hemos escrito este análisis jugando en PS VR2 gracias a un código de descarga para PS5 que nos ha facilitado Bandai Namco.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
Últimos análisis de PS5 y PC










