Análisis de McPixel (PC)

Frenético, extraño, grotesco. McPixel se abre paso en Steam con el apoyo de la comunidad gracias a Greenlight.
McPixel
·
Actualizado: 21:31 17/8/2020
GRÁFICOS
-
SONIDO
-
NOTA
5
DIVERSIÓN
-
JUGABILIDAD
-
Análisis de versión PC.

McPixel tiene importantes avales. El más importante de todos ellos quizá sea el hecho de ser el primer juego que se publica tras ser aprobado por el sistema Greenlight de Steam. Dicho de otra manera, es un proyecto que se presentó a la comunidad y fue respaldado por los usuarios de la importante plataforma digital de Valve para hacerse hueco en su catálogo. Esto le sitúa en una posición de atención que muchos títulos ya querrían para sí mismos, incluso algunos de los que no consideraríamos estrictamente como "independientes".

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Otro importante aval es que ofrece una experiencia de juego dinámica y arriesgada; es decir, se trata de un juego original con una propuesta frenética salpicado de toques de humor. Un humor, además, ecléctico: a veces es negro, a veces es soez, a veces totalmente absurdo, y a veces ausente. En general se nota un esfuerzo excesivo por constituirse en un agent provocateur dentro del panorama del videojuego que en ocasiones funciona y otras fracasa.

El título reduce al paroxismo los preceptos de la aventura gráfica en minijuegos de señalar y pinchar con el ratón (el veterano point & click) en pantallas en las que debemos desactivar una bomba sin saber muy bien cómo se va a interactuar con las personas, objetos o zonas en las que pinchemos. Unas veces pinchar sobre un personaje implica darle patadas y otras no, por ejemplo. Pinchar sobre un cartucho de dinamita puede ser a veces darle una patada (con la consiguiente explosión automática) y otras cogerlo. Es parte de la locura frenética y sorpresa absoluta que persigue el juego y esto sí lo consigue.

Lo cierto es que se nota cierta mala leche muy sana con el punto increíblemente absurdo que llegan a alcanzar los puzles de las aventuras gráficas con las interacciones entre objetos y personajes. El juego es una sátira de esos puzles que pueden a llegar a frustrar al usuario más curtido de aventuras gráficas, pero no nos confundamos: ni es un juego de puzles (realmente no hay una solución ni un esquema lógico para los retos propuestos) ni es una aventura gráfica. Es un título de minijuegos que parte de esos géneros, sí, pero se aleja de los mismos más allá de rasgos superficiales.

De este modo, nos enfrentamos a series de minijuegos estructurados en varias tandas en diferentes niveles que nos recuerdan mucho a la saga Wario Ware, con la salvedad de que aquí no hay vidas. Si fallamos, pasamos a la siguiente pantalla, y cuando llegamos al final de esta tanda damos una nueva vuelta hasta haber solventado los cinco retos propuestos en ese segmento del juego. Hay que ir progresando linealmente y si superamos tres seguidos pasamos a una fase especial donde los retos propuestos son todavía más alocados y carentes de lógica (defecar arcoíris es algo que puede suceder).

Todo ese sistema es, en realidad, refrescante, pero puede resultar agotador. El juego, de hecho, presenta una de esas advertencias al principio que nos avisan -con bastante sorna- de que jugar mucho puede volvernos locos. Lo cierto es que creemos que la advertencia puede ser cierta. McPixel busca activamente someter al usuario a una sobrexposición sensorial completa. En la pantalla entre reto y reto siempre hay nubes, o un OVNI o cualquier cosa que se mueve a toda velocidad en un bucle reducidísimo, la música es machacona a no poder más, y la estética (que apuesta por un pixel art poco o nada refinado, en la línea de los primeros juegos para la más veterana de las Atari) también destaca por movimientos rápidos, con pocos cuadros de animación y un colorido casi histriónico.

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Si le sumamos el ritmo general de juego, con esos retos de 20 segundos como máximo, nos encontramos con una experiencia que pretende estresar al jugador mientras le alivia con las resoluciones sorprendentes de sus retos. Dicho de otra manera, es un juego que debe pillarnos con un estado de ánimo especialmente receptivo ante su estilo y objetivos. De lo contrario, es insoportable en todos los términos.

De hecho, uno no tarda demasiado en darse cuenta de que sale más a cuenta quitar el sonido y pulsar la barra espaciadora para eliminar las secuencias intermedias… no tanto por ganar algo de tiempo porque esté inmerso en su ritmo frenético de juego, sino porque la parafernalia intermedia es insoportable. Suponemos que esta concepción sin mesura es parte de un diseño consciente por parte de sus responsables, pero no le hace ningún tipo de favor al título. Y es que, pese a que pretende ser frenético en todos y cada uno de sus aspectos, el juego es en realidad machacón y agotador, pero no frenético de verdad. Es una impostura que esconde un ritmo intenso, acelerado y sin pausa que -pese a todo- ha fracasado.

 2

Y es que, incluso cuando el juego nos pilla en sintonía, y empezamos a superar un reto tras otro de manera encadenada y estamos, realmente, en su misma onda, es un juego poco intenso en su concepto jugable. Toda la apariencia, el ruido y el movimiento nos hacen creer lo contrario, pero pronto se cae el velo. Nos sigue haciendo reír y, de hecho, destaca muy especialmente el humor negro o el simplemente ofensivo o grosero, pero esto no siempre es suficiente para atrapar al jugador.

Por otro lado, la experiencia de juego es relativamente corta, con cien niveles, pero está ahí la promesa de ir ofreciendo contenidos adicionales mediante descarga digital y de manera gratuita. La cuestión radica en que por el tipo de reto que propone, una vez resuelto el rompecabezas, basta recordarlo. Es decir, no hay una rejugabilidad tangible en su experiencia. Se puede mejorar el tiempo (pues el título registra cuánto tardamos en resolver los retos), pero le falta ese punto adicional arcade para conseguir que el jugador se sienta naturalmente motivado para revisitar los niveles ya superados.

 3

Así que nos encontramos con un juego que cumple con muchas de las cosas que echamos en falta en la inmensa mayoría de lanzamientos: es original, es diferente y es sorprendente. Son tres pilares importantísimos que pocos juegos pueden presumir de tener. Pero la ejecución es tan singular y su propuesta audiovisual tan barroca (desde la simpleza de 8 bits que persigue) que puede agotarnos rápidamente. Algunos jugadores se sentirán tentados de no volver a lanzar el juego tras una desconcertante experiencia inicial y otros sí, tras descubrir que esa advertencia inicial de jugarlo en tandas cortas y descansar que el mismo título les hace es cierta.

El sector independiente esté precisamente para esto: para que lleguen al mercado juegos que de otra manera no encontrarían espacio en el mercado. McPixel está en esa categoría por muchas razones, pero parece que no siempre son las correctas. Su frenetismo es impostado y artificial y lo excéntrico que propone no deja de ser un conjunto de minijuegos como los que hay a miles ya en el mercado. Comparado con todos ellos, en el plano jugable, este título no consigue darnos nada más y eso sí es un problema. Se confiará entonces a nuestra conexión con su humor y nuestra capacidad para ver sus muchísimos guiños al cine, a otros juegos, y a multitud de referentes populares, pero no tiene en la experiencia de juego -ni en la experiencia en sí misma- su punto fuerte.

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Conclusiones

McPixel puede hacer bandera de su concepto por diferente y por arriesgado. Muchas veces esto es lo más importante en un juego independiente: poder dirigirse a esa minoría que busca otras cosas. La suerte es que muchas veces son productos de una gran calidad. En este caso, no podemos ensalzar las virtudes jugables de este lanzamiento, pero hay algo claro: no es un juego para la mayoría. Quizá ni siquiera para una minoría significativa. Pero si la propuesta te parece mínimamente interesante (su ritmo, su estética, su evocación a la aventura gráfica, su planteamiento corrosivo...) debes probarlo porque este juego lo amarás o lo odiarás, sin término medio, por multitud de razones. En un mercado lleno de mediocridades y medias tintas, que un juego pueda generar reacciones claras y viscerales es necesario. McPixel lo hace.

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Plataformas:
PC

Ficha técnica de la versión PC

ANÁLISIS
5
  • Fecha de lanzamiento: 25/9/2012
  • Desarrollo: Sos
  • Producción: Sos Mikolaj Kaminski
  • Distribución: Steam
  • Precio: 4,99 €
  • Jugadores: 1
  • Formato: Descarga
  • Textos: Inglés
  • Voces: Inglés
  • Online: No
  • Requisitos PC
Estadísticas Steam
COMUNIDAD
6.33

McPixel para Ordenador

17 votos
#287 en el ranking de Ordenador.
#321 en el ranking global.
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