Análisis High on Life 2: Más humor y más locura en la secuela de la peculiar obra del padre de Rick & Morty (PC, PS5, Xbox Series X, Switch 2)
Salvo que hayáis estado en algún país remoto del planeta o en otro planeta de la galaxia, es probable que el nombre de Justin Roiland os resulte como mínimo familiar. Hace unos años, el cocreador de la archiconocida serie de Adult Swim Rick & Morty fundó un estudio con el que quiso probar suerte en el mundo de los videojuegos. Pese a que la apuesta no salió mal del todo, High on Life obtuvo elogios y críticas a partes iguales. Trasladar el peculiar sentido del humor de la serie a un formato mucho más interactivo no resultó una tarea sencilla, pero sí convenció a los jugadores que buscaban una experiencia de juego muy centrada en la comedia ácida, que brillaba por su originalidad a pesar de palidecer a causa de una mecánica de juego poco atractiva, simple y a la postre repetitiva.
Sin embargo, en una industria en la que la innovación y la originalidad se han convertido en una rara avis, poder disfrutar de una aventura que no se toma muy en serio a sí misma y ofrece algo distinto a lo habitual tiene su atractivo. Por eso nos temimos lo peor cuando Squanch Games, nombre de la criatura de Roiland, confirmó que este dejaría el estudio para no hundirlo tras ser procesado por violencia doméstica.
Aunque finalmente fue absuelto de esos cargos, no tardaría en volver a ser denunciado por supuestas agresiones sexuales, algo que terminaría dilapidando su carrera. Fue el propio estudio quien confirmaría que seguiría trabajando a pesar de la marcha de su creador por el "valor innegable" que su propuesta ofrece al mercado, y más especialmente al catálogo de Game Pass, donde vio la luz desde el primer día.
Los más buscados de la galaxia. De nuevo.
Sea como fuere, toda esa historia quedó atrás con el anuncio de High on Life 2 y la confirmación de que Roiland no tendría nada que ver con ella. Esta secuela prometía solucionar los aspectos menos celebrados de la original, y eso es precisamente a lo que apuntan las primeras horas de juego, con un comienzo fulgurante que levanta el telón justo donde terminaba el argumento de la primera. Tras salvar el planeta Tierra de la invasión alienígena del cartel G3, nuestro alter ego virtual disfruta de una vida de excesos, protagoniza late nights de moda y se pasa el día en modo cazarrecompensas célebre. Sobra decir que esta rutina rodeada de lujos y bañada en la absurdidad del mundo de los grandes lujos no dura demasiado. Básicamente termina cuando un viejo conocido pone precio a la cabeza de su hermana Lizzie, convertida ahora en una aguerrida luchadora antisistema.
A pesar de las apariencias, estas circunstancias no le vienen nada mal a nuestro héroe adolescente, ya que gracias a ellas abandona la mediocridad en la que se ve sumido tras meter la pata y asesinar a la bestia equivocada. Al menos al principio, ya que no tardaremos en vernos inmersos en una trama de proporciones intergalácticas en la que acabaremos haciendo frente nada más y nada menos que a la industria farmacéutica. Parece que alguien (o algo) tiene planes de convertir a los humanos, los seres con el cerebro más pequeño del universo, en el ingrediente principal de unas píldoras milagrosas. Solo hay un pequeño problema: además de luchar contra Rhea Pharmaceutics, tendremos que lidiar con nuestros antiguos compañeros, los cazarrecompensas que buscan enriquecerse a costa de conseguir la cabeza de nuestra hermana.
Así que básicamente, con todo el mundo en nuestra contra, nos rearmamos con nuestros viejos amigos, Knifey, Sweezy y Gus, esas pistolas (y cuchillo) que hablan y hablan sin cesar escupiendo chistes bañados en el corrosivo humor ácido que caracteriza a Rick & Morty, y nos ponemos manos a la obra. Esto supone vivir todo tipo de situaciones, a cada cual más surrealista, en las que pasamos de esnifar cocaína a cenar apaciblemente con nuestra madre o a pasearnos por la siempre entretenida MurderCon, uno de los momentos más esperados del año en el planeta Con-Con.
Un tono más comedido
Aunque este breve resumen no sugiere lo contrario, la realidad es que High on Life 2 soluciona uno de los aspectos más criticados de su antecesor bajando el tono del sentido del humor, o de la acidez de los chistes, manteniendo una línea más coherente y menos repetitiva (o cansina). El humor negro sigue estando ahí, pero con un tono más comedido que, en las diez horas en dura el modo principal de juego, no resulta tan redundante ni acaba por agotarnos. Lo que sí se repite es la ausencia de un doblaje al español que permita enterarnos en todo momento de lo que dicen nuestros compañeros mientras nos enfrentamos a un escuadrón de enemigos.
Aquí hay dos elementos que se mezclan: la tendencia a abusar de las conversaciones absurdas y los inexplicables errores en las líneas de subtítulos, que lo mismo aparecen en inglés que directamente no salen en pantalla o se intercalan con otros elementos de la imagen. Que lo primero nos agrade o no es cuestión de gustos, pero lo segundo, además de molesto, estropea la experiencia de juego. Para más inri se trata de un problema recurrente que también padecemos a nivel técnico en ciertos momentos donde el rendimiento visual baja por motivos que, suponemos, se deben a una mala optimización del Unreal Engine 5 con el que se mueve el entramado gráfico.
El caso es que la tónica general del juego no cambia mucho con respecto al primero, sino que se hace más llevadera. Esto es algo que se puede aplicar aplicar a la mecánica de juego, que pese a seguir por la senda de su antecesor, se esfuerza por ofrecer una sensación más dinámica gracias a la inclusión del monopatín, principal novedad de esta entrega, con el que ahora nos podemos desplazar a toda velocidad por los escenarios, bien sea para realizar piruetas imposibles y pasar un rato entretenido en un half pipe o para meterles un patinazo en toda la cara.
El Tony Hawk intergaláctico
Más velocidad, más frenesí; una acción más rápida y explosiva… Pero que también mantiene la misma línea simplista del original. High on Life 2 es un juego de disparos en primera persona en el que los tiroteos están pensados para pasar un rato divertido, moviéndonos a toda velocidad con el monopatín, saltando de un lado a otro del mapa enganchándonos de distintos salientes u objetos especiales, cambiando de arma para oír sus comentarios y generar una destrucción total de cualquiera que se interponga en nuestro camino.
Esta sencillez encaja con la premisa del juego, no esconde su naturaleza arcade, en la que no hay lugar para la estrategia y con la que disfrutamos de un poco de violencia gratuita. Aunque la inclusión de nuevas armas con su trasfondo argumental, como el caso de Travis, añaden algo más de variedad al conjunto, las sensaciones que transmiten las fases de combate son anodinas y terminan por ser repetitivas. Hay cuatro niveles de dificultad: el modo Historia es un paseo por el parque que nos permitirá disfrutar del argumento sin preocuparnos por nada más que eso; el resto de los niveles ofrecen una experiencia de acción algo más exigente, pero sin pretender ni buscar en ningún momento una profundidad adicional. Está bien y es divertido, pero a la larga se convierte en un proceso casi automático al que le quitamos asunto, jefes finales inclusive.
No nos extrañó descubrir que la parte de exploración tampoco se plantea aquí con mucha más ambición que los momentos de disparos. Una vez accedemos a nuestra base de operaciones (por así llamarla), se nos asignará un objetivo que tendremos que cumplir. Podemos explorar zonas nuevas, vivir situaciones estrambóticas y curiosear por el mundo que ha creado Squanch Games, pero si lo que buscamos son secundarias apasionantes o escenarios complejos en los que podamos perdernos, no los vamos a encontrar. El atractivo del juego siempre recae sobre el sentido del humor y los momentos que vivimos a costa de la flora y fauna que nos rodea, algo en lo que cumple su cometido con creces gracias a la cantidad de situaciones surrealistas que vivimos y que no desvelaremos para que el factor sorpresa siga… Pues eso, sorprendiendo.
Un estilo artístico único combinado con un rendimiento técnico irregular
Otro aspecto que nos ha llamado la atención es el contraste entre la calidad artística de este mundo de fantasía y el rendimiento que ofrece en las plataformas en las que ha aparecido. Mientras que tanto el diseño como la calidad gráfica de las armas y escenarios que recorremos es como poco notable y derrocha imaginación por los cuatro costados, el rendimiento, con caídas en la tasa de fotogramas en momentos de grandes artificios, no está a la altura del trabajo que sus desarrolladores han puesto encima del tapete. Suponemos que con el paso del tiempo se lanzarán nuevos parches que vayan corrigiendo esta sensación de que el motor gráfico no está optimizado del todo, pero hasta la fecha, pese a algunas mejoras, no ha habido grandes avances en este sentido.
Este tipo de fallos, que por desgracia siguen siendo bastante habituales en lanzamientos que dan la impresión de haber llegado al mercado antes de tiempo, también se aplican en la desaparición de subtítulos o de la ausencia de traducción de algunas palabras en los menús, por ejemplo. En general, estos problemas empañan un aspecto visual muy llamativo y peculiar, en el que siempre nos aguarda algún chiste fácil o easter egg haciendo referencia a otros videojuegos de la industria. Al no haber multijugador, lo cierto es que una vez nos acostumbramos a estos altibajos es fácil ignorarlos para seguir centrándonos en otros aspectos de la aventura.
Conclusión
Lo comentábamos al principio del artículo y hacemos hincapié nuevamente en ello: High on Life 2 se puede resumir en unas pocas palabras: más y mejor. Squanch Games ha tomado todo (o casi todo) lo que no funcionaba en la aventura original y lo ha retocado para que aspectos como el exagerado sentido del humor sea ahora más comedido y menos repetitivo. La cantidad de situaciones absurdas que vivimos le dan ese punto de experiencia única e irrepetible, a pesar de que los momentos de acción siguen siendo bastante simples y rozan lo anodino. La inclusión del monopatín ofrece momentos trepidantes, pero esto sigue siendo un shooter sin más pretensión que la de entretener y hacernos pasar un buen rato.
Problemas de rendimiento al margen, y obviando que la base de la mecánica se ha ampliado pese a seguir siendo bastante lineal, esta es una de esas aventuras que basan todo su atractivo en un derroche de imaginación muy peculiar, muy suyo, de esos que si no nos convencen en los primeros minutos es mejor dejar de lado. Por suerte, si lo que buscamos es una experiencia cómica muy diferente a cualquier otra que podamos encontrar en el mercado, no encontraremos ningún exponente capaz de divertir tanto como este. No es perfecto, pero sí único, y eso siempre suma puntos en un mercado cada vez más nutrido y con ofertas de todo tipo.
Hemos analizado este juego en PC (Steam) gracias a un código de descarga proporcionado por Squanch Games
NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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