La tecnología ha transformado gradualmente nuestra forma de realizar tareas cotidianas. Hace poco tiempo, pagar sin efectivo, simplemente acercando un móvil o un reloj inteligente al terminal de caja, parecía ciencia ficción. Hoy en día, es la norma. Antes, un reloj solo servía para consultar la hora y, con suerte, medir intervalos con un cronómetro integrado. Nada más.
Esta evolución se ha extendido a casi todos los aspectos de la vida diaria, incluyendo algo tan rutinario como hacer la compra. Si bien la frecuencia con la que cada persona va al supermercado varía, el proceso básico ha permanecido prácticamente inalterado durante años: elegir productos, pasar por caja y pagar. Más allá de los sistemas de autopago, donde el cliente escanea y abona sus artículos por su cuenta, el proceso apenas ha cambiado. Esto está a punto de cambiar radicalmente.
Los supermercados españoles adoptarán un nuevo sistema de pago en caja en 2026, marcando un cambio significativo en sus operaciones
La inteligencia artificial (IA) está impulsando una transformación significativa en el sector. En varios países europeos, como la República Checa, ya se están integrando sistemas basados en IA en los supermercados para optimizar tareas clave, desde el reconocimiento de productos hasta la gestión del pesaje en caja.
La cadena alemana Globus, presente en el país, planea dar un paso más tras las experiencias previas de otras empresas como Albert. Según su portavoz, Zdeněk Vesecký, la empresa está preparando un piloto para el próximo ejercicio fiscal para probar un sistema capaz de identificar productos sin etiquetar mediante IA, como frutas, verduras o productos de panadería. Este sistema se integrará tanto en cajas de autopago como en las tradicionales atendidas por personal.
Las pruebas ya están en marcha en las básculas de la sección de frescos. El sistema, según explica la compañía, es capaz de diferenciar productos de forma automática: distinguir, por ejemplo, entre un limón y un pimiento amarillo sin intervención del usuario.
Esta tecnología no solo agiliza el proceso de pago, sino que también se presenta como una herramienta de control. La cadena COOP ya la utiliza para detectar posibles errores o intentos de fraude en el pesaje, evitando que un producto se etiquete como otro más barato.
En estos casos, el sistema puede generar una alerta automática si detecta una anomalía. Si el cliente continúa con la operación, se notifica al personal o, en tiendas sin supervisión constante, directamente al centro de seguridad. Incluso puede reaccionar si se manipulan códigos o si se intenta escanear simultáneamente artículos de distinto valor.
Según sus responsables, este tipo de control busca reducir errores y reforzar la seguridad en el proceso de compra sin añadir fricciones. No sería sorprendente que este tipo de soluciones se extiendan por el resto de Europa en los próximos años, incluyendo mercados como el español, donde cadenas como Mercadona o la alemana Lidl ya han impulsado la digitalización en otros ámbitos. Todo apunta a que la inteligencia artificial dejará de ser una promesa futurista para convertirse en un elemento habitual del supermercado, como lo hicieron en su día los pagos móviles o los relojes inteligentes: primero curiosidad, después costumbre.















