Poços de Caldas, situada en el sur del estado de Minas Gerais, es uno de esos enclaves que parecen desmentir la lógica geográfica: una ciudad levantada en el interior de una antigua caldera volcánica, rodeada por un anillo de montañas que delatan su origen. Se trata de una de las formaciones geológicas más singulares del planeta, un vestigio de actividad volcánica convertido hoy en destino turístico.
Vivir dentro de un volcán extinto en Brasil: la ciudad termal que presume de clima perfecto todo el año
A 1186 metros de altitud, la localidad ha sabido transformar ese pasado geológico en un motor de desarrollo. Su tradición termal, el peso del turismo y una economía diversificada la han situado a la cabeza del Índice de Desarrollo Municipal de Firjan 2025. A ello se suma un clima de montaña especialmente benigno: temperaturas suaves durante todo el año, con una media de 18 grados. Aunque el invierno seco concentra la mayor afluencia de visitantes, cada estación ofrece matices distintos que mantienen vivo su atractivo.
El origen de este paisaje se remonta a hace unos 80 millones de años, en pleno período Cretácico -sí, existían los dinosaurios-, cuando una compleja actividad geológica dio forma a una caldera volcánica de unos 750 kilómetros cuadrados, vinculada a un volcán hoy completamente extinto. Las sierras que rodean la ciudad no son más que los restos de aquel colosal cráter. La actividad cesó hace millones de años, y los expertos descartan cualquier riesgo de reactivación.
Este legado geológico no solo define el paisaje: también explica la riqueza de sus recursos. De sus entrañas emergen aguas sulfurosas, mientras que el subsuelo alberga bauxita, uranio y tierras raras. A ello se suman suelos fértiles que han favorecido el cultivo de cafés especiales, reforzando su identidad económica.
En 2024, la población rondaba los 171.533 habitantes, en una ciudad que combina calidad de vida y servicios. Cuenta con una sólida red sanitaria, centros de educación superior y una economía sostenida por el sector servicios, el comercio y el turismo. No es extraño que muchos visitantes terminen quedándose, atraídos por su clima estable y una infraestructura plenamente desarrollada. Su Índice de Desarrollo Humano, fijado en 0,779 según el censo de 2010, sigue siendo la referencia oficial.
Pero si hay un elemento que define a Poços de Caldas es su vínculo con el agua. Sus manantiales minerales han dado forma a un potente turismo de bienestar, con balnearios históricos que siguen marcando su identidad. Entre ellos destaca el emblemático Thermas Antônio Carlos, símbolo de una ciudad que ha convertido su pasado volcánico en un refugio de descanso y salud.















