El capítulo 5 de El caballero de los Siete Reinos ha hecho lo que solo conseguían los capítulos “grandes” de Juego de tronos: que acabes mirando la pantalla unos segundos después de los créditos, como si te hubieran quitado el aire. No es solo que sea el penúltimo y venga cargado de tensión; es que el episodio entra al trapo con ganas de dejar huella y, por lo visto, lo está logrando: en IMDb se disparó hasta rozar la nota perfecta nada más estrenarse, 9,8, una de esas locuras que pasan cuando el fandom siente que le han dado justo lo que quería.
La clave está en que el capítulo cumple la promesa que venía cocinándose desde el anterior: el Juicio de Siete. Y lo rueda sin postureo, sin esa sensación de “coreografía bonita” que a veces te saca de la escena. Aquí hay barro, miedo y golpes que parecen pesar. Por eso a muchos les ha recordado a los grandes episodios de Juego de tronos: no porque copie, sino porque recupera esa idea de que en un combate no hay épica, hay supervivencia… y el azar es un personaje más.
Barro, golpes y emoción
Pero lo que de verdad lo hace especial es que no se apoya solo en la violencia. Spoilers del último capítulo de El caballero de los siete reinos: El episodio se permite respirar con un flashback largo de los orígenes de Dunk: su juventud, su hambre, la forma en que aprende a ser “alguien” a partir de casi nada. Ese contraste funciona muy bien: cuando vuelve la pelea, ya no estás viendo a un tipo con armadura, estás viendo a alguien que se ha ganado cada paso a base de golpes, y eso hace que todo duela un poco más.
Y luego está el ingrediente que mantiene a Poniente como un lugar peligroso incluso cuando parece que la historia va por un carril: las muertes. El capítulo no tiene miedo a jugar con esa tradición de “nadie está a salvo” que hizo famosa a la saga, y lo hace con un sentido del timing casi cruel.
Sin entrar en spoilers, el capítulo juega con la muerte como destino plausible para cualquier estrato social, rico o pobre, y por eso mucha gente lo está poniendo mentalmente al lado de los capítulos que más cicatriz dejaron en Juego de tronos. El propio dato comparativo sale solo: el episodio más alto de la serie madre en IMDb, “Las lluvias de Castamere”, sigue en 9,9/10.
En el fondo, el 1x05 también sirve para responder a la duda que flotaba desde el principio: “¿para qué otra serie de este universo?”. Pues para esto. Para contar una historia más pequeña, más de calle y de barro, con menos dragones y más consecuencias. Cuando la franquicia se pone a ras de suelo y te obliga a mirar a los personajes a los ojos, vuelve esa magia sucia que enganchó hace años. Si el final de temporada está a la altura, esta precuela no solo habrá cumplido: habrá reabierto la puerta grande de Poniente.















