La refrigeración doméstica, tal y como la conocemos, podría estar a punto de experimentar una revolución gracias a la creatividad de tres adolescentes indios. Su invención, el Thermavault, promete mantener los alimentos frescos, e incluso congelados, sin necesidad de electricidad.
El proyecto, que se basa en principios químicos clásicos, fue premiado recientemente con el Earth Prize 2025, reconociendo no solo su viabilidad técnica, sino también su enorme potencial para resolver problemas críticos en zonas sin acceso a la red eléctrica.
La magia está en unas sales específicas
La base del Thermavault es una solución de sales específicas que, al disolverse en agua, absorben energía del entorno en forma de calor, generando un efecto de enfriamiento. Tras analizar 150 compuestos, los jóvenes científicos identificaron una combinación de hidróxido de bario octahidratado y cloruro de amonio como la más eficaz, alcanzando temperaturas que permitieron incluso la congelación del agua. Este fenómeno, conocido en química como reacción endotérmica de disolución, ya había sido descrito en la literatura científica, pero su aplicación práctica en refrigeradores sin energía marca un avance notable.
La sostenibilidad del Thermavault también es notable: el sistema permite recuperar las sales mediante la evaporación del agua, lo que posibilita su reutilización indefinida sin generar residuos tóxicos. Esta característica convierte el invento en una solución ideal para el almacenamiento de alimentos y medicamentos en regiones rurales o en situaciones de emergencia, donde mantener la cadena de frío es vital, como quedó patente durante la distribución de vacunas contra la COVID-19 en zonas remotas.
El uso de la sal como conservante no es nuevo. Desde tiempos antiguos, culturas como la egipcia utilizaron la sal para deshidratar y preservar alimentos, una técnica que fue perfeccionada durante siglos. Incluso la etimología de la palabra "salario" proviene del latín salarium, aludiendo a las raciones de sal que recibían los soldados romanos. Lo que estos jóvenes inventores han hecho es reinterpretar este conocimiento ancestral a través de una lente moderna y científica, proporcionando una respuesta sostenible a uno de los retos más antiguos de la humanidad: la conservación de los alimentos.
Con el apoyo de los fondos obtenidos en el concurso, los estudiantes planean fabricar doscientos Thermavaults para su distribución en entornos médicos de difícil acceso. Más allá de su éxito puntual, el proyecto simboliza cómo la ciencia escolar, con los recursos adecuados y la inspiración correcta, puede ofrecer soluciones prácticas y transformadoras a desafíos globales.















