Una investigación reciente publicada en Frontiers in Psychology ha reavivado un viejo mito popular: la conexión entre el consumo de queso y las pesadillas.
Científicos de la Universidad MacEwan (Canadá), en colaboración con el especialista en sueños Tore Nielsen de la Universidad de Montreal, han encontrado una correlación significativa entre la intolerancia a la lactosa y los sueños perturbadores, sugiriendo que el malestar digestivo nocturno podría estar influyendo directamente en la calidad del sueño y en la aparición de pesadillas.
Afecta si eres intolerante a la lactosa
El estudio analizó las respuestas de 1.082 estudiantes universitarios a un cuestionario exhaustivo sobre hábitos alimenticios, calidad del descanso, recuerdos oníricos e historial de intolerancias alimentarias. Los resultados revelaron que aproximadamente un tercio de los encuestados sufría pesadillas con frecuencia, y que estos episodios eran más habituales en mujeres, personas con una dieta poco saludable y quienes presentaban síntomas digestivos relacionados con el consumo de lácteos, especialmente queso.
Según Nielsen, “la gravedad de las pesadillas está estrechamente relacionada con la intolerancia a la lactosa y otras alergias alimentarias”. El equipo de investigación plantea que cuando una persona intolerante consume productos lácteos por la noche, los gases, dolores abdominales o inflamación resultantes podrían fragmentar el sueño y alterar la arquitectura onírica, facilitando sueños negativos o directamente angustiosos.
Curiosamente, aunque solo el 5,5 % de los participantes reconoció que su dieta afectaba la intensidad de sus sueños, muchos de ellos señalaron específicamente a los dulces, las comidas picantes y los lácteos como detonantes de sueños más vívidos, extraños o inquietantes. El estudio sugiere que la percepción popular de que "el queso da pesadillas" podría tener una base fisiológica concreta, al menos en personas con sensibilidad digestiva.
No obstante, los autores piden cautela. “Estos resultados deben replicarse en una muestra más diversa, con personas de otras edades y perfiles alimentarios”, señala Nielsen. Aun así, el estudio ofrece un indicio claro: para quienes sufren de intolerancia a la lactosa y pesadillas recurrentes, moderar la ingesta de queso antes de dormir podría ser un primer paso sencillo hacia noches más tranquilas.















