El telescopio espacial Hubble ha capturado una imagen que parece sacada de un sueño cósmico: un gigantesco disco protoplanetario bautizado con un apodo que combina humor y misterio, “El Chivito de Drácula”. La fotografía revela una estructura caótica, extensa y vibrante, un verdadero laboratorio cósmico donde podrían gestarse múltiples planetas alrededor de una estrella joven.
Descubrimiento histórico del Hubble: el mayor disco de formación de planetas jamás observado rompe todos los récords
Lo que hace único a este disco, oficialmente conocido como IRAS 23077+6707, no es solo su tamaño, sino también su forma. Rico en gas y polvo, se observa casi de canto, mostrando capas superpuestas que recuerdan a un sándwich, de ahí su apodo. La comparación, según los astrónomos, no es solo caprichosa: el chivito uruguayo, con su carne, jamón y queso apilados, sirvió de referencia visual para describir la extraña estructura. Además, el sobrenombre conecta con los orígenes de algunos de los investigadores, entre Transilvania, Rumania y Uruguay, dando un toque humano y geográfico al hallazgo astronómico.
Los discos protoplanetarios como este son auténticas guarderías planetarias: allí nacen desde mundos rocosos similares a la Tierra hasta gigantes gaseosos como Júpiter. En este caso, el volumen de material es tal que, en teoría, podría originarse un sistema planetario completo. Publicado en The Astrophysical Journal, el estudio estima que su diámetro alcanza los 640.000 millones de kilómetros, más de 100 veces la extensión del sistema solar interior. Detectado por primera vez en 2016, su confirmación ahora permite a los astrónomos estudiar su estructura con detalle sin precedentes.
Lo más llamativo de la imagen es su dinamismo interno. El disco podría albergar una estrella masiva, o incluso un par de ellas, y está atravesado por filamentos brillantes que emergen por encima y por debajo del plano principal. Esta asimetría, con un lado desordenado y otro definido, revela que las guarderías planetarias no son entornos tranquilos, sino escenarios turbulentos donde fuerzas y materiales interactúan de forma compleja.
Gracias al Hubble y la NASA, los científicos pueden observar directamente cómo se organizan y evolucionan estos discos durante la formación de planetas, un proceso que aún guarda muchos secretos. Cada filamento, cada capa, sugiere que los sistemas planetarios podrían nacer de manera mucho más caótica y activa de lo que se pensaba, abriendo un nuevo capítulo en nuestro entendimiento del cosmos y sus infinitas posibilidades.















