Elon Musk confirmó que SpaceX está priorizando ahora una “ciudad autoexpansiva” (“self-growing city”) en la Luna, con el argumento de que es un objetivo “más rápido” que una colonia en Marte y, por tanto, mejor para “asegurar el futuro de la civilización”. La idea, tal y como se ha contado en Reuters, sería alcanzable en menos de diez años si las piezas técnicas y financieras encajan.
Ese cambio no borra del mapa la obsesión marciana: Musk mantiene la ambición de arrancar con una “ciudad” en Marte en una ventana de cinco a siete años, pero deja claro que, ahora mismo, la jerarquía es otra. En la misma información se apunta a un objetivo operativo concreto para la Luna: un alunizaje no tripulado en marzo de 2027, calendario que también habría circulado en conversaciones con inversores y en filtraciones de prensa.
For those unaware, SpaceX has already shifted focus to building a self-growing city on the Moon, as we can potentially achieve that in less than 10 years, whereas Mars would take 20+ years.
The mission of SpaceX remains the same: extend consciousness and life as we know it to…
— Elon Musk (@elonmusk) February 8, 2026
Mars will start in 5 or 6 years, so will be done in parallel with the Moon, but the Moon will be the initial focus https://t.co/tP66X6MZMT
— Elon Musk (@elonmusk) February 9, 2026
El “atajo lunar” y la presión del calendario
En paralelo, subraya la lógica estratégica del “atajo lunar”: por distancia, logística y tiempos de misión, la Luna permite iterar más rápido que Marte —y, por tanto, fallar antes y aprender antes—, justo en un momento en el que el retorno estadounidense al satélite entra en un tramo de competencia geopolítica intensa.
También hay un factor de calendario político-tecnológico: EE. UU. no pisa la Luna desde Apollo 17 (1972), y la carrera con China por volver “esta década” funciona como telón de fondo permanente. En ese marco, la prioridad lunar encaja mejor con contratos y cronogramas ya comprometidos, y ayuda a explicar por qué Musk insiste en que “la Luna es más rápida” aunque mantenga Marte como destino final.
Dinero, contratos y la brecha entre promesa y ejecución
A nivel industrial, el movimiento conecta con el ecosistema de ingresos y alianzas: parece que Musk ha remarcado que la mayor parte de la facturación de SpaceX proviene de Starlink, y que los contratos con NASA representan una fracción minoritaria; aun así, SpaceX es contratista clave del programa Artemis. En la práctica, ese “doble carril” (comercial + institucional) es el que permite prometer megaproyectos mientras se sostiene el día a día.
El problema, como siempre con Musk, es la distancia entre ambición y ejecución: sus plazos tienden a ser agresivos y a moverse.















