Sydney Sweeney debe buena parte de su salto al estrellato a Euphoria. La serie de HBO convirtió a Cassie Howard en uno de sus personajes más reconocibles y permitió a la actriz demostrar que detrás de su apariencia aparentemente frágil había mucho más que una joven promesa. Pero ahora que el éxito masivo y cinematográfico de La asistenta ha pasado, y mirando ahora su trayectoria con cierta perspectiva, hay una serie que resulta todavía más interesante para entender su carrera: Heridas abiertas o Sharp Objects.
La miniserie de HBO estrenada en 2018 adapta la novela homónima de Gillian Flynn y está protagonizada por Amy Adams. Su historia sigue a Camille Preaker, una periodista que regresa a su pueblo natal para investigar el asesinato de dos niñas. El caso la obliga a enfrentarse a su pasado, a una familia marcada por los traumas y, especialmente, a una madre tan inquietante como controladora interpretada por Patricia Clarkson.
Sweeney aparece en un papel mucho más pequeño como Alice, una joven a la que Camille conoce durante su estancia en un hospital psiquiátrico. Sus apariciones se producen principalmente a través de recuerdos, pero su relación con la protagonista termina siendo fundamental para comprender algunas de las heridas que arrastra Camille.
Y aquí está la diferencia con Euphoria. Mientras la serie protagonizada por Zendaya apuesta con frecuencia por el exceso, el impacto visual y situaciones destinadas a provocar al espectador -al estilo de Sam Levinson-, Heridas abiertas construye su tensión de otra manera. No necesita estar constantemente buscando el siguiente momento escandaloso. Le basta con hacer que todo parezca ligeramente fuera de lugar.
Los asesinatos, la relación entre Camille y su madre y los recuerdos de su pasado van formando un rompecabezas cada vez más perturbador. La serie incluso se adentra en cuestiones especialmente oscuras, como el síndrome de Münchausen por poderes y la violencia ejercida por menores. Y después está esa casa de muñecas que se ha convertido en una de las imágenes más perturbadoras de la ficción televisiva reciente.
También resulta llamativo revisar ahora el trabajo de Sweeney. Euphoria fue el escaparate que la convirtió en estrella, la serie a la que estará eternamente agradecida por llevarle a su cima como profesional, pero buena parte de sus siguientes proyectos han explorado precisamente el thriller, el terror y los personajes atrapados en situaciones psicológicamente extremas. The Voyeurs, Nocturne, Immaculate, Echo Valley o El cuento de la criada encajan mucho más con esa faceta. Por eso Heridas abiertas merece ser recuperada y reivindicada tras su boom en 2018. Sweeney tiene mucho menos tiempo en pantalla que en Euphoria, pero su papel dejaba claro perfectamente el tipo de actriz en el que terminaría convirtiéndose.
