Sean Astin lleva 25 años vinculado a uno de los personajes más queridos de la historia del cine fantástico. Sam Gamyi no era el guerrero más poderoso de la Tierra Media ni estaba destinado a protagonizar las grandes gestas de la historia, pero sí fue quien permaneció al lado de Frodo cuando el viaje hacia Mordor se convirtió en algo prácticamente insoportable. Para el actor, precisamente ahí reside una parte importante de la fuerza que todavía conserva El Señor de los Anillos.
La San Diego Comic-Con Málaga puso el broche final a su segunda edición con uno de los encuentros más esperados de estas cuatro jornadas. Elijah Wood y Sean Astin regresaron a la Tierra Media para reencontrarse con los aficionados y recordar lo que supuso formar parte de la trilogía dirigida por Peter Jackson. Han pasado 25 años desde el estreno de La Comunidad del Anillo, pero ambos actores siguen descubriendo hasta qué punto aquellas películas terminaron formando parte de la vida de millones de personas. Fue un panel emotivo, lleno de guiños a una saga.
"Nuestra vida fue definida por esta película", reconocieron durante el encuentro en un momento realmente sincero ante una de las preguntas de los asistentes. Una frase especialmente significativa en el caso de Astin, que aprovechó su conversación con Wood para explicar por qué cree que la historia de Tolkien continúa teniendo sentido para espectadores de distintas generaciones y en circunstancias muy diferentes. No le falta razón.
Astin recordó que J.R.R. Tolkien siempre rechazó que su obra pudiera interpretarse como una alegoría directa de un acontecimiento histórico concreto. El actor quiso recuperar esa idea durante el encuentro y ponerla en contexto con algunas de las interpretaciones que se han hecho de la historia a lo largo de las décadas.
"Sauron no es Hitler y las batallas no son la Segunda Guerra Mundial", explicó Astin, resumiendo la posición del escritor británico, que odiaba las alegorías pobres y banales. La comparación, sin embargo, no impide que El Señor de los Anillos pueda hablar de nuestro presente y ser una de las obras más influyentes en la historia reciente de la humanidad. De hecho, para el actor, los 25 años transcurridos desde el estreno de la primera película le han permitido comprender todavía mejor algunos de los valores que atraviesan la historia.
La amistad, la bondad, el compañerismo, la valentía y la capacidad de mantener la esperanza siguen siendo elementos fundamentales para Astin. Y no hace falta buscar una equivalencia concreta con nuestra realidad para entender por qué continúan funcionando. Son conceptos universales que Tolkien colocó en el centro de una aventura fantástica y que, con el paso del tiempo, han terminado adquiriendo una dimensión propia para quienes crecieron con estas películas.
Es precisamente ahí donde la figura de Sam adquiere todavía más importancia, quizás la más predominante y relevante en toda la saga. El personaje interpretado por Astin no es quien derrota a Sauron ni quien protagoniza las grandes batallas de la trilogía. Su papel es aparentemente mucho más sencillo y, al mismo tiempo, esencial: estar ahí. Cuando Frodo empieza a perderse bajo el peso del Anillo, Sam permanece a su lado. Cuando el viaje parece imposible, continúa avanzando.
Astin también quiso poner sobre la mesa una consecuencia mucho más personal del fenómeno en el que se convirtió El Señor de los Anillos. Para una parte de su público, las películas han dejado de ser únicamente una historia de fantasía o un recuerdo asociado a su infancia. Se han convertido en un lugar al que acudir cuando la realidad resulta especialmente complicada.
El actor explicó que hay personas que recurren a estas películas durante episodios difíciles de sus vidas, incluidos espectadores que atraviesan problemas de salud mental o situaciones de enorme incertidumbre. También mencionó a refugiados que han encontrado en la Tierra Media una forma de procesar sus propias emociones y de sobrellevar determinados momentos. "Hay gente en todo el mundo que las ve para procesar sus emociones o simplemente para sobrellevar el tiempo", señaló Astin, que estuvo especialmente cómodo en el panel.
Quizá esa sea una de las claves que explican por qué la trilogía de Peter Jackson continúa tan presente 25 años después. El Señor de los Anillos ha dejado de pertenecer únicamente a quienes la vieron en los cines a comienzos de siglo. Para algunos es nostalgia; para otros, una historia sobre la amistad y la resistencia; y para muchos espectadores, sencillamente, un refugio al que regresar cuando las cosas no van demasiado bien.
Sean Astin interpretó a Sam Gamyi cuando tenía poco más de 30 años. Hoy, un cuarto de siglo después, sigue hablando del personaje con la misma cercanía con la que lo recuerdan quienes crecieron viendo su viaje junto a Frodo. Y quizá esa sea la mejor prueba de que Sam nunca necesitó ser el héroe más poderoso de la Tierra Media. Su verdadera fuerza siempre estuvo en algo mucho más sencillo: no abandonar a quien tenía al lado. Todos debemos ser más como Sam.
