China vuelve a poner el foco mundial sobre su industria militar con un nuevo vehículo de efecto suelo que parece sacado de una película de ciencia ficción. Esta “bestia híbrida”, a medio camino entre avión y barco, ha encendido las alarmas en la región del mar de Bohai por sus implicaciones tácticas y su capacidad para operar fuera de los límites logísticos tradicionales en combinación con los cazas de sexta generación que están preparando en sus hangares.
El ekranoplano del siglo XXI: el arma híbrida china que altera el tablero militar
El nuevo aparato chino se inspira en los antiguos ekranoplanos soviéticos de la Guerra Fría, esos colosos que deslizaban a ras del agua aprovechando el efecto suelo y que nunca llegaron a producirse en serie. Igual que aquellos proyectos, la aeronave china combina fuselaje de hidroavión con una silueta baja y alargada que le permite volar casi pegada a la superficie del mar.
Por su diseño, recuerda al AG600, el gran hidroavión chino concebido para misiones de rescate y logística en aguas disputadas, aunque este nuevo modelo apunta claramente a un uso más agresivo y táctico. El casco, la compuerta lateral de gran tamaño y la cola en V sugieren un concepto pensado para transportar tropas, vehículos o carga militar directamente a zonas litorales sin depender de puertos ni aeródromos.
El principal valor militar de este WIG es su capacidad para volar bajo el horizonte del radar, reduciendo drásticamente la probabilidad de detección por parte de defensas aéreas y sistemas de vigilancia. A diferencia de los buques tradicionales, no es vulnerable a minas navales ni a submarinos, lo que lo convierte en un vector ideal para incursiones rápidas, despliegues sorpresa o abastecimiento en escenarios altamente disputados.
Aunque todavía existen incógnitas sobre su sistema de propulsión y sobre si se trata de un simple prototipo o de una plataforma en pruebas operativas, su mera aparición desplaza el equilibrio psicológico y táctico de la región. El proyecto dialoga de forma directa con iniciativas como el Liberty Lifter estadounidense, evidenciando una nueva carrera por dominar el “tercer espacio” entre mar y aire con vehículos híbridos de gran tamaño.
El desarrollo de este aparato encaja con la estrategia china de extender su alcance en mares cercanos como el de Bohai, el mar del Sur de China o el mar de China Oriental, donde las disputas territoriales son constantes. Un vehículo capaz de proyectar fuerza sin puertos ni bases aéreas cercanas ofrece a Pekín una herramienta flexible para operaciones de presión, disuasión o reacción rápida.
No se trata todavía de una amenaza estratégica consolidada, pero sí de un mensaje claro: China está dispuesta a llevar al límite la innovación logística y militar para reforzar su posición en su entorno geográfico inmediato. La línea que separa la ciencia ficción de la realidad se estrecha, y lo que hace unos años era un esqueleto oxidado en una playa del mar Caspio hoy regresa reencarnado en clave asiática, con implicaciones globales.















