Países como España ya presentan un nuevo sistema de producción energética que busca garantizar la mejor forma de presentar un futuro sostenible para el consumo de los ciudadanos. Mientras tanto, China y otros territorios de Europa del Este, buscan sus propias soluciones. Ahora, según documentación municipal y materiales técnicos de Creative Energy -la empresa que heredó la antigua Central Heat-, parece que Canadá no solo presume de paisajes y calidad de vida: bajo su asfalto opera uno de los sistemas de calefacción urbana más veteranos y sofisticados de Norteamérica.
Su origen se remonta a principios del siglo XX, se consolidó con la expansión del centro en los años sesenta y dio un salto decisivo en 2010, cuando la ciudad puso en marcha la red energética del vecindario de False Creek para abastecer parte de la Villa Olímpica de los Juegos de Invierno.
Canadá combate el frío bajo tierra con 18 km de tuberías que calientan ciudades enteras
Hoy, ambas infraestructuras suman más de 18 kilómetros de tuberías enterradas que transportan agua caliente bajo calles, avenidas y barrios completos. Es lo que se conoce como calefacción de energía distrital: una red invisible para el peatón, pero capaz de suministrar calor a decenas de edificios con una eficiencia muy superior a la de las calderas individuales. Donde antes cada inmueble funcionaba como una isla energética, ahora existe un sistema común que optimiza recursos, mantenimiento y emisiones.
El verdadero giro llega con la fuente de ese calor. En el caso de False Creek, parte de la energía térmica procede de algo tan poco glamurizado como las aguas residuales tratadas. Un recurso que, en la mayoría de ciudades, se pierde sin más. En Vancouver, en cambio, se recupera. Las aguas procedentes de duchas, lavadoras y cocinas llegan a la planta a una temperatura superior a la del entorno invernal. Mediante intercambiadores de calor y bombas industriales, esa energía “invisible” se transfiere a un circuito secundario que alimenta la red urbana.
El resultado es una reducción notable del consumo de gas natural y una matriz energética más flexible. No solo por la eficiencia de producir calor a gran escala, sino porque el sistema está preparado para integrar en el futuro nuevas fuentes: renovables, biomasa o tecnologías aún por llegar. La clave está en la centralización: descarbonizar una planta es infinitamente más sencillo que sustituir miles de calderas privadas.
En cifras, la red de False Creek opera unos 8,3 kilómetros de tuberías térmicas que abastecen a la Villa Olímpica y zonas residenciales colindantes. El sistema del centro, gestionado por Creative Energy, añade otros 10,5 kilómetros que suministran vapor y agua caliente a hoteles, oficinas, viviendas e instalaciones públicas. Más de 18 kilómetros en total, enterrados y prácticamente invisibles.
En un país donde el invierno no perdona, la calefacción es infraestructura crítica, al nivel del agua o la electricidad. Vancouver ha optado por calentar la ciudad desde el subsuelo, con menos chimeneas, menos ruido y menos emisiones. Una ingeniería pensada para durar décadas y que, sin hacer ruido, se ha convertido en referencia internacional para las ciudades que buscan reducir su huella climática sin reinventarse edificio a edificio.















