Hablar a nuestras mascotas con una voz tierna no es solo una costumbre, sino una forma eficaz de comunicarnos con ellas. Cada vez más estudios científicos y expertos en comportamiento animal coinciden en que dirigirse a un gato con una voz similar a la que usamos con un bebé es una de las mejores maneras de captar su atención.
Los veterinarios coinciden en que hablar a los gatos como a un bebé es la forma más efectiva de comunicarse con ellos
Este tono agudo, pausado y con variaciones en la entonación provoca una respuesta inmediata en el cerebro del animal. Lo que antes se consideraba una manía de muchos dueños tiene una explicación biológica que mejora la relación entre personas y mascotas.
Investigaciones con neuroimagen muestran que este tipo de estímulos activa con mayor intensidad las áreas cerebrales relacionadas con la audición y la recompensa. Aunque la mayoría de estos estudios se han centrado en perros, los especialistas afirman que los gatos también responden mejor a una voz claramente dirigida a ellos.
La explicación es sencilla: las frecuencias más agudas destacan sobre el ruido cotidiano, permitiendo que el animal identifique rápidamente que su propietario le habla de forma específica. Esta capacidad para distinguir el mensaje facilita que preste atención y procese mejor la información.
Pero los beneficios no acaban ahí. Los veterinarios destacan que este tipo de comunicación reduce el estrés y refuerza el vínculo emocional entre el animal y su cuidador. Al recordar las vocalizaciones asociadas a situaciones seguras y afectuosas, la llamada “voz de bebé” transmite tranquilidad y favorece la confianza. Además, los expertos desmontan otro mito: no solo funciona con cachorros, sino que los animales adultos también reaccionan positivamente a este tipo de interacción.
Los especialistas en comportamiento animal recomiendan usar este recurso con criterio. Si bien una voz afectuosa es ideal para felicitar, tranquilizar o demostrar cariño, durante el adiestramiento es preferible combinarla con órdenes claras, firmes y neutras. De esta manera, el animal distingue mejor cuándo recibe una recompensa emocional y cuándo debe obedecer una instrucción específica. Esta costumbre no solo fortalece el vínculo afectivo, sino que también mejora la comunicación diaria y favorece una convivencia más sana y equilibrada.















