El deshielo acelerado de los glaciares se ha convertido en una alarma crítica para la sostenibilidad del planeta. Según estimaciones del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), los glaciares, junto con las capas de hielo y las nieves permanentes, almacenan más de 24 millones de kilómetros cúbicos de agua, lo que representa el 68,7% del agua dulce del mundo.
Sin embargo, un reciente estudio respaldado por la Agencia Espacial Europea (ESA) revela un panorama preocupante: desde el año 2000, los glaciares han estado perdiendo aproximadamente 273.000 millones de toneladas de agua al año. Para dimensionar esta cifra, equivale al consumo global de agua potable durante tres décadas, considerando un promedio de tres litros diarios por persona.
La aceleración del deshielo en las últimas décadas es alarmante. Entre 2000 y 2023, los glaciares han perdido un 5% de su volumen total, según datos recopilados por el proyecto Glambie, tal y como recoge Xataka. Lo más inquietante es que la velocidad de pérdida se ha incrementado en un 36% en el último periodo del estudio (2012-2023) respecto al periodo anterior (2000-2011).
Esta tendencia se observa de manera desigual en distintas regiones del planeta. Mientras que las islas antárticas y subantárticas registraron una pérdida mínima del 2%, en Europa Central los glaciares han disminuido su volumen hasta en un 39%, reflejando la vulnerabilidad de ciertas áreas al cambio climático. Las consecuencias de esta pérdida masiva de hielo van mucho más allá del conocido aumento del nivel del mar. Los 6,55 billones de toneladas de agua derretida desde los glaciares han elevado el nivel del mar en aproximadamente 18 milímetros desde 2000, un incremento que amenaza zonas costeras bajas en todo el mundo.
Está afectando al caudal de los ríos
Sin embargo, otro impacto menos visible, pero igualmente preocupante, es la alteración en el caudal de ríos fundamentales para millones de personas. Ríos como el Ebro en España dependen en parte del deshielo de glaciares pirenaicos, mientras que en regiones como Asia Central y los Andes Centrales, los glaciares representan una fuente vital de agua dulce durante las estaciones secas.
El estudio, publicado en la revista Nature, destaca la importancia de los glaciares como reservas naturales de agua que sostienen ecosistemas y comunidades humanas. “Los glaciares no solo son termómetros naturales del cambio climático, sino también pilares fundamentales para la seguridad hídrica de millones de personas”, señala Inés Dussaillant, coautora del estudio.
Con la pérdida acelerada de estos gigantes de hielo, las comunidades que dependen del agua de deshielo enfrentan un futuro incierto marcado por la escasez y posibles conflictos por el acceso a recursos hídricos.















