Toho quiere más. La histórica productora japonesa, responsable de haber parido a Godzilla en pleno siglo XX, sigue decidida a extender sus tentáculos más allá del archipiélago nipón. Aunque en casa siguen venerando al Rey de los Monstruos como icono cultural, el objetivo ahora está claro: conquistar de nuevo Occidente, pero con voz propia.
“Para que Toho crezca, o para que cualquier empresa japonesa crezca, tenemos que ver realmente las oportunidades fuera de Japón”, declaraba recientemente Hiroyasu Matsuoka, productor de la firma. La estrategia pasa por reforzar su marca en el extranjero, y eso implica recuperar sus grandes nombres. Porque aunque el Godzilla original siga vivo en la memoria colectiva, hace tiempo que su rugido se reparte en varias frecuencias.
Desde que Toho cedió los derechos internacionales del personaje a Legendary Entertainment, el monstruo atómico ha mutado en un fenómeno global. El llamado MonsterVerse ha seducido al público occidental con bombazos como Godzilla vs. Kong o la más reciente El nuevo imperio (2024), sin olvidar el impacto televisivo de Monarch: El legado de los monstruos, serie de Apple TV+ que ha ampliado la mitología del kaiju para toda una nueva generación. Ahora preparan una secuela de Shin Godzilla, un filme que sorprendió a propios y extraños en 2016.
Toho confirma la secuela de su Godzilla más aclamado y lanza su mensaje: "La saga y Japón deben crecer juntos"
Toho ha contraatacado. Y lo ha hecho con inteligencia y músculo creativo. Godzilla: Minus One (2023), dirigida por Takashi Yamazaki, se convirtió en un fenómeno sin precedentes: una superproducción nacional, rodada con apenas 15 millones de dólares, que acabó amasando más de 114 millones en taquilla global. Más allá de los números, fue una reivindicación de autoría: el monstruo regresaba a casa, cargado de trauma, simbolismo y devastación histórica.
El éxito de Minus One ha sido tan rotundo que Toho ya ha confirmado su secuela. Pero no se detienen ahí. Con el mismo ímpetu, el estudio mira hacia atrás, concretamente hacia 2016, año en que Shin Godzilla, dirigida por Hideaki Anno y Shinji Higuchi, sacudió a la crítica y al público con una reinvención política, angustiosa y brillante de la criatura. Aquella película fue todo menos convencional, y todavía genera controversia, aplauso y estupor entre los fans como una de las versiones más provocadoras del mito.
No obstante, como decimos, supuso una reinvención radical del mito del Rey de los Monstruos, ya que devolvió al kaiju su dimensión más simbólica, convirtiéndolo en una alegoría del caos institucional y la inacción política frente a desastres como el tsunami de 2011 o la crisis nuclear de Fukushima. Con un tono casi documental y una puesta en escena implacable, Shin Godzilla presenta una criatura mutante, impredecible y grotesca, que evoluciona con cada aparición, desafiando no sólo a las fuerzas militares, sino también a la burocracia japonesa.
Lejos del espectáculo hollywoodiense, Toho apostó por una visión más seria, política y aterradora del monstruo, lo que le valió reconocimiento crítico y una taquilla robusta. La cinta no solo revitalizó a Godzilla en Japón, sino que lo recontextualizó para una nueva era, devolviéndole su poder como metáfora nacional y su capacidad de generar auténtico pavor. Ahora, con el viento a favor, Toho se plantea retomar esa senda. Shin Godzilla vuelve a estar sobre la mesa. Y esta vez, todo apunta a que el monstruo no volverá solo.















