Una investigación publicada en Nature ha dado un paso decisivo para demostrar lo que durante años ha sido solo una sospecha epidemiológica: la contaminación atmosférica no solo agrava enfermedades respiratorias, sino que puede causar directamente cáncer de pulmón en personas no fumadoras. El estudio ha detectado en su ADN las mismas "firmas mutacionales" que se encuentran en los fumadores crónicos, lo que refuerza la conexión entre aire contaminado y carcinogénesis.
Puedes padecerlo sin fumar
Coordinado por el U.S. National Cancer Institute, el trabajo ha analizado a miles de pacientes de distintos países —entre ellos Canadá, Reino Unido, Turquía y China— y ha logrado aislar los daños genéticos provocados por las partículas PM2.5, aquellas con un diámetro inferior a 2,5 micras. Estas diminutas partículas, generadas principalmente por la quema de combustibles fósiles, tienen la capacidad de infiltrarse profundamente en los pulmones y llegar incluso al torrente sanguíneo.
El 99 % de la población mundial está expuesta a niveles de PM2.5 superiores a los que la OMS considera seguros. Estas partículas no solo pueden desencadenar enfermedades cardiovasculares o asma, sino que ahora se confirma su impacto directo sobre el genoma humano. "Por primera vez, pasamos de una mera correlación a ver cómo los contaminantes dañan el ADN", explica el bioinformático Marcos Díaz-Gay, investigador del CNIO y primer firmante del estudio. Los datos indican que este tipo de mutaciones genéticas se acumulan especialmente en personas expuestas durante varios años a altos niveles de contaminación urbana.
Una de las conclusiones más llamativas del artículo es que incluso exposiciones moderadas —equivalentes a respirar aire contaminado durante tres años consecutivos— pueden aumentar significativamente el riesgo de padecer cáncer de pulmón, particularmente en personas con mutaciones latentes que no se manifestarían de otro modo. Este hallazgo es crucial porque cambia la forma en que entendemos la relación entre predisposición genética y factores ambientales.
El estudio también alerta sobre el envejecimiento prematuro del tejido pulmonar y la activación de vías tumorales asociadas con la inflamación crónica. Es decir, el aire contaminado no solo actúa como un mutágeno directo, sino que genera un entorno biológico favorable al desarrollo de tumores. Este proceso, documentado ahora con secuenciación genómica, refuerza la necesidad de incorporar la calidad del aire como una variable prioritaria en políticas de salud pública y urbanismo.
Según datos recientes de la Agencia Europea del Medio Ambiente, más de 200.000 muertes prematuras anuales en la Unión Europea se asocian con la exposición a PM2.5. A nivel mundial, los fallecimientos por enfermedades vinculadas a la contaminación atmosférica superan los siete millones al año, según la Organización Mundial de la Salud. Y lo más preocupante: una parte creciente de esos casos corresponde a cáncer de pulmón en personas que nunca han fumado.















