En China se ha colado en lo más alto de la App Store de pago una app con nombre de puñetazo: “Are You Dead?” (también conocida como Si Le Me). Funciona con una idea mínima y una ansiedad muy contemporánea: tocas un botón para “dar señales de vida” y, si no lo haces, alguien cercano recibe un aviso. Por lo que cuesta —unos 8 yuanes, alrededor de un euro—, se ha convertido en un pequeño seguro psicológico para quienes viven solos en grandes ciudades.
El mecanismo es deliberadamente simple: check-in periódico (en muchas descripciones, cada 48 horas; en otras, diario con margen de dos días) y contacto de emergencia si no hay respuesta. En la práctica, el atractivo no está en la tecnología —no es un wearable médico ni un servicio sanitario—, sino en la promesa de que un desmayo, un accidente doméstico o una mala noche no se queden sin testigos.
Vivir solo y la ansiedad de desaparecer
El éxito no se entiende sin el telón de fondo: cada vez más hogares unipersonales. Medios y analistas citan estimaciones que sitúan entre 150 y 200 millones las personas que podrían vivir solas en China hacia 2030, empujadas por migración interna, retraso del matrimonio, envejecimiento y una economía que ha cambiado el mapa vital de muchos jóvenes.
El nombre, claro, ha encendido el debate cultural. Hay quien lo considera de mal agüero, quien pide un giro más amable y quien defiende precisamente lo contrario: que llamar a las cosas por su nombre obliga a mirar de frente un miedo real. En paralelo, la marca se está moviendo: en China circula como Sileme, pero fuera aparece como Demumu y sus creadores han admitido que valoran cambios para rebajar la carga del “dead” sin perder el gancho.
Salud pública, vínculos y la notificación
Lo interesante es que la conversación ya no es solo social, también es de salud pública. La evidencia lleva años apuntando a que los vínculos importan para sobrevivir: una revisión meta-analítica muy citada encontró que relaciones sociales más fuertes se asociaban con una mayor probabilidad de supervivencia, y otros trabajos han observado que vivir solo y el aislamiento se relacionan con mayor riesgo de mortalidad (con matices por edad, contexto y factores de confusión). No prueba causa-efecto para cada caso, pero sí dibuja un patrón robusto.
Por eso esta app se lee casi como un termómetro: no “arregla” la soledad, pero la hace visible y la convierte en un procedimiento —un gesto— que compra tiempo si algo va mal. Queda por ver si se queda en gadget generacional o si evoluciona hacia herramientas mejor integradas (por ejemplo, para mayores), sin abrir nuevos frentes de privacidad o de falsas alarmas. En cualquier caso, el éxito dice algo incómodo: en 2026, para mucha gente, la diferencia entre estar bien y desaparecer empieza con una notificación.















