En los últimos meses Elon Musk ha vuelto a poner el foco del debate tecnológico en algo que no tiene que ver con cohetes ni coches eléctricos, sino con algo mucho más básico: la capacidad del mundo para suministrar electricidad suficiente para el avance de la tecnología y de la propia sociedad. Esta idea -que Musk ha repetido en foros especializados y encuentros como el Bosch Connected World y el Foro Económico Mundial de Davos 2026- ha saltado del ámbito técnico a la agenda pública debido a sus implicaciones globales.
Elon Musk y su alarmante visión del futuro de la humanidad
Según Musk, la siguiente gran crisis que afrontará la humanidad no tendrá que ver con el agua ni con los alimentos, sino con una “sequía eléctrica” provocada por una demanda energética que crece más rápido de lo que podemos generar y distribuir. En Berlín, el empresario explicó que la inteligencia artificial (IA), los vehículos eléctricos y las enormes instalaciones de centros de datos están empujando al límite las redes eléctricas actuales. "Nunca he visto una tecnología avanzar tan rápido, y esto está desbordando nuestra capacidad de producir y transmitir energía", señaló.
El argumento central de Musk se basa en una realidad cada vez más evidente: los modelos de IA más avanzados duplican su capacidad de computación cada seis meses, lo que se traduce en un consumo energético que empieza a rivalizar con el de países enteros. Datos recientes del Departamento de Energía de Estados Unidos estiman que, para finales de esta década, los centros de datos dedicados a la IA podrían requerir tantos teravatios hora como naciones completas.
Expertos y líderes del sector han recogido parte de estas advertencias. La Agencia Internacional de la Energía ha señalado que, sin inversiones urgentes en generación y modernización de redes, la brecha entre oferta y demanda crecerá rápidamente. Incluso empresas tecnológicas como Google han reconocido públicamente que los sistemas eléctricos de países como Estados Unidos están cerca de sus límites, lo que ha impulsado inversiones exploratorias en energías alternativas como la nuclear para estabilizar el suministro.
Las advertencias de Musk han provocado reacciones diversas. Algunos gobiernos y empresas apuestan por grandes proyectos solares o nucleares para mitigar la tensión, mientras que otros analistas sostienen que se necesitan políticas públicas más contundentes y cooperación internacional para evitar cortes energéticos generalizados y ralentizaciones económicas en los próximos años.
En esencia, lo que Musk denomina “sequía eléctrica” ha pasado de ser una predicción aislada de un empresario excéntrico a un tema de debate entre técnicos, reguladores y políticos que podrían tener que tomar decisiones cruciales antes de 2025 para evitar un problema que amenaza tanto al progreso tecnológico como al bienestar diario de millones de personas.















