En un país que se toma el café casi como un género propio —con locales que parecen sets de rodaje—, Positive Space 566 juega en otra liga: no compite por ser “cuqui”, compite por ser enorme. Está en Gimpo (provincia de Gyeonggi-do) y figura como la cafetería más grande del mundo en Guinness World Records, con 2.190 asientos y un edificio de varias plantas pensado para absorber gente como un centro comercial, pero con olor a espresso.
Lo interesante es que el récord no se sostiene solo con “más mesas”. La gracia está en que han convertido la cafetería en un recorrido: diferentes niveles, rincones que cambian de ambiente y zonas que empujan a moverte (y a elegir “tu” foto).
Un medio coreano lo describía como un “café tipo hotel” por escala y por cómo se reparte el espacio, algo que encaja con esa sensación de lobby gigante donde, si quedas con alguien, más te vale concretar en qué parte.
Una cafetería pensada como recorrido
En locales así, la arquitectura funciona como guion: hay áreas abiertas para el flujo constante, espacios que se sienten más “privados” para grupos y, según reseñas de visitantes, incluso rincones temáticos que cambian el ritmo de la estancia (zonas más tranquilas, otras más de espectáculo, y alguna pensada para familias). La lógica es clara: si tienes capacidad para miles, no puedes permitir que todo sea un único salón con eco; necesitas micro-escenarios para repartir ruido, colas y permanencia.
Y ahí aparece el verdadero giro: el café deja de ser el centro y pasa a ser el billete de entrada. Vas “a tomar algo”, sí, pero también a sentarte un rato largo, a celebrar, a trabajar, a pasear entre plantas como quien visita una atracción local. Ese cambio explica por qué este tipo de mega-cafeterías se parecen cada vez más a espacios multiuso: el producto ya no es solo la bebida, es el tiempo que te quedas y la experiencia que cuentas después.
Cuando el café es la excusa
Claro que el récord tiene truco: impresiona, pero también obliga. En cuanto un sitio se vende como “el más grande del mundo”, el público entra con el listón alto: espera que todo —desde el servicio hasta la comodidad— aguante la escala. Si falla algo básico, el tamaño deja de ser épico y se convierte en una prueba de estrés en tiempo real. Por eso, más que una cafetería “típica”, esto funciona como un experimento de operación: circulación, mantenimiento, señalización, convivencia de planes distintos bajo el mismo techo.















