El debate sobre la importancia de la hora de la cena no es nuevo, pero el endocrino Francisco Rosero pone el foco en algo que muchos pasan por alto: las hormonas.
Según este especialista, el verdadero beneficio de adelantar la cena no tiene que ver tanto con las calorías o el control de peso, sino con la forma en que nuestro cuerpo regula los picos hormonales. “El milagro de cenar temprano lo hacen tus hormonas”, afirma con convicción.
Se pueden incluir carbohidratos en el plato
Cenar antes de las siete de la tarde, incluso incluyendo carbohidratos en el plato, permite que los picos de glucosa e insulina disminuyan antes de que nuestro cuerpo comience a liberar hormona de crecimiento y melatonina. “Son fundamentales para el antienvejecimiento y la prevención del daño celular”, explica Rosero. La sincronización con estos ritmos hormonales naturales podría ser clave para un descanso más reparador y un organismo más eficiente.
El especialista también detalla los efectos de una cena baja en carbohidratos. Al no consumir azúcares en exceso, se favorece la lipólisis, es decir, el uso de la grasa almacenada como fuente de energía. Esto sucede porque la insulina se mantiene en niveles bajos, lo que permite que el cuerpo utilice primero la glucosa que está guardada en el hígado y después acceda a las reservas grasas.
Rosero insiste en que estos procesos dependen directamente de la bioquímica corporal, no solo del conteo de calorías. “Recuerda, todo lo controlan las hormonas, no son simplemente calorías”, recalca. Con este argumento, rompe el mito de que la hora de la cena es solo una cuestión de hábitos culturales o disciplina dietética.















