No es necesario aventurarse en vastos desiertos ni escalar imponentes cordilleras para encontrar una frontera internacional. Lo común, acostumbrados a los motivos políticos y sociales por la televisión y los medios, e incluso la educación e los colegios, es pensarlo así. Pero a veces, la geopolítica se concentra en un espacio tan pequeño que resulta casi increíble. Entre Europa y África, entre España y Marruecos, se encuentra la frontera terrestre más corta del mundo: tan solo 85 metros.
España ostenta la frontera terrestre más corta del mundo, que separa Europa de Marruecos con tan solo 85 metros
Este lugar es el peñón de Vélez de la Gomera, una pequeña formación rocosa situada frente a la costa marroquí. Actualmente, es una posición militar española, pero su historia es tan accidentada como su geografía. En sus orígenes, era una isla aislada en el Mediterráneo, sin contacto con tierra firme, hasta que un terremoto en el siglo XVI transformó su destino. El movimiento sísmico desplazó sedimentos, uniendo el peñón con tierra firme africana y creando un istmo natural que, con el tiempo, se convirtió en una línea fronteriza de apenas unos pasos.
España mantiene el control del enclave dentro de sus llamadas plazas de soberanía en el norte de África, junto a otros territorios mucho más conocidos como, las ciudades autónomas Ceuta o Melilla. Desde hace años, y en especial desde las últimas décadas, Marruecos, por su parte, reivindica la soberanía del lugar, como ocurre en otros puntos estratégicos de la región.
La realidad diaria en Vélez de la Gomera dista mucho de lo que uno imaginaría al hablar de una frontera internacional. No hay colas de vehículos, ni tránsito civil, ni pasos fronterizos convencionales como en otros puntos del planeta. Es un espacio vigilado, claro, pues está prácticamente militarizado, donde la línea divisoria se reduce a un estrecho pasillo de tierra que conecta dos mundos separados por el mar y por una compleja relación diplomática que sigue vigente.















