La Academia China de Ciencias (CAS) y la Universidad de Concepción de Chile han dado el pistoletazo de salida a una misión sin precedentes: tres meses para explorar las profundidades abisales de la Fosa de Atacama, descendiendo hasta 700 kilómetros bajo el mar en busca de vida que nunca ha visto la luz del sol.
El buque de investigación chino Tan Suo Yi Hao zarpó este lunes 19 de enero, llevando consigo a un equipo de científicos preparados para sumergirse en un territorio donde la oscuridad lo domina todo.
Una misión a 7000 metros de profundidad arranca para revelar una serie de formas de vida que ignoran la luz del sol
El objetivo de esta ambiciosa expedición va más allá de la curiosidad biológica. Los investigadores buscan desentrañar los desencadenantes geológicos de los tsunamis y terremotos más extremos, al tiempo que estudian organismos capaces de sobrevivir sin energía solar. Estas formas de vida podrían ser la clave para revolucionar la medicina del futuro, ofreciendo compuestos y procesos que todavía se desconocen en la superficie.
La misión es la mayor que se ha realizado en la región hasta la fecha. Representa la culminación de años de colaboración entre ambos países, que permiten a los científicos chilenos acceder a tecnología china de última generación para explorar el fondo marino como nunca antes. “Es una alianza que pone en manos de los investigadores herramientas que ningún otro país posee, condensando décadas de trabajo en una sola expedición”, destacó la Universidad de Concepción al South China Morning Post.
La Fosa de Atacama, un cañón submarino de 6000 kilómetros de largo y cerca de 8000 metros de profundidad, se forma por la colisión lenta pero constante de las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana. Este choque genera algunos de los terremotos más poderosos del planeta, y es precisamente allí donde los científicos desplegarán el sumergible tripulado Fendouzhe (Striver), capaz de alcanzar profundidades superiores a los 10.000 metros. Tres investigadores descenderán a un mundo de absoluta oscuridad, recogiendo muestras de organismos quimiosintéticos que extraen su energía de la propia Tierra, sin depender de la luz solar.
La misión, respaldada por la ONU, se centrará en tres ejes: entender el clima, prevenir desastres naturales y estudiar la vida extrema. Para ello se instalarán 33 estaciones de investigación y se realizarán cerca de 20 inmersiones profundas, abriendo una ventana inédita al abismo más oscuro del océano Pacífico.















