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Es oficial: arqueólogos confirman que Pompeya no murió con la erupción del Vesubio: 'Vivieron entre ruinas y ceniza del volcán'

Lejos de ser un simple epílogo, esta etapa de repoblación redefine la narrativa sobre Pompeya, no fue solo una ciudad congelada en el tiempo por la erupción.
Es oficial: arqueólogos confirman que Pompeya no murió con la erupción del Vesubio: 'Vivieron entre ruinas y ceniza del volcán'
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Actualizado: 15:21 18/8/2025
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Un nuevo hallazgo arqueológico está obligando a replantear la historia de Pompeya más allá de la célebre erupción del Vesubio en el año 79 d.C. Un estudio publicado en el E-Journal of the Excavations of Pompeii revela que la ciudad no quedó totalmente abandonada tras el desastre, como se había asumido durante décadas.

Al contrario, algunos habitantes —incluidos supervivientes y posiblemente forasteros sin hogar— volvieron a instalarse en las ruinas, dando lugar a una forma de vida precaria entre cenizas y escombros. El estudio habla de “personas que regresaron al lugar del desastre y que, en un momento dado, comenzaron a vivir permanentemente entre las ruinas de los pisos superiores que aún emergían de las cenizas”.

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Vivieron entre escombros y miseria

Los indicios proceden de excavaciones en la Insula Meridionalis, un barrio en el extremo sur de Pompeya, donde se han encontrado piezas de cerámica y restos materiales posteriores a la erupción. Gabriel Zuchtriegel, director del parque arqueológico y coautor de la investigación, advierte que todavía no se sabe cuántas personas regresaron ni en qué condiciones lo hicieron. Aun así, las evidencias arqueológicas sugieren que la ciudad conoció una segunda vida, aunque muy distinta de la Pompeya que quedó sepultada.

El entusiasmo por recuperar frescos intactos, muebles conservados y los famosos moldes de las víctimas había eclipsado hasta ahora esta otra etapa de la historia. Según Zuchtriegel, en muchas excavaciones del pasado los débiles rastros de la repoblación fueron literalmente barridos, eliminando huellas de la vida cotidiana que se intentó reconstruir en un entorno hostil. Ahora, con una mirada renovada, se busca recuperar esa historia silenciada: la de quienes se atrevieron a volver a un lugar marcado por la tragedia.

La investigación describe cómo los reocupantes aprovecharon las estructuras que aún sobresalían de las cenizas. Los pisos superiores de las casas fueron rehabilitados como viviendas improvisadas, mientras que las plantas bajas, sepultadas en gran parte, se reconvirtieron en bodegas y talleres. Allí se construyeron hornos, chimeneas y molinos, lo que revela intentos de reactivar una economía básica en un espacio devastado, en un paralelismo con fenómenos contemporáneos de asentamientos informales o favelas urbanas.

Este hallazgo también abre nuevas preguntas sobre la resiliencia y la movilidad de la población en el Imperio romano. Tras el desastre, algunos supervivientes se habrían instalado en otras ciudades de Campania, como Nápoles o Cumas, pero otros —quizá por falta de recursos o por la esperanza de encontrar objetos valiosos— regresaron a Pompeya. La ciudad pasó a convertirse en una “aglomeración gris”, en palabras de los investigadores, un espacio entre la vida y la ruina, donde la supervivencia primaba sobre cualquier reconstrucción monumental.

Raquel Díaz Herreros
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