El término Oshikatsu —una fusión de "oshi" (ídolo) y "katsudō" (actividad)— fue designado como palabra del año en 2021 por su crecimiento meteórico. Y no es para menos: los japoneses gastan de media 1.495 euros al año en apoyar a sus figuras favoritas mediante merchandising, entradas a eventos, discos o hasta campañas publicitarias personalizadas para celebrar sus cumpleaños. Aunque pueda parecer un fenómeno limitado a adolescentes entusiastas, las encuestas reflejan que incluso mujeres de más de 50 años forman parte activa de este ecosistema emocional y económico.
El fenómeno tiene una lógica circular que ha fascinado a analistas y economistas: los fans inyectan dinero en sus ídolos, quienes lo reinvierten en aumentar su visibilidad y producción artística, retroalimentando así el fervor y el consumo. Esta dinámica ha llegado a tal punto que algunos jóvenes mantienen segundos empleos exclusivamente para sostener su afición, y las empresas tradicionales están empezando a adaptarse: desde bancos que ofrecen campañas temáticas, hasta trenes decorados con los colores y rostros de los ídolos que generan picos en las ventas de billetes.
Para un país que envejece rápidamente, con una natalidad en mínimos históricos y una productividad estancada, el Oshikatsu ofrece algo más que cifras: una cultura del consumo emocional que estimula sectores que van desde el textil y el transporte hasta el turismo interno y el marketing digital. El gobierno japonés, consciente de que las políticas económicas convencionales ya no son suficientes, apuesta ahora por este motor informal como vía de revitalización comercial y cohesión social.















