Lo que parecía una simple exploración en una cueva inundada del centro de Texas ha terminado convirtiéndose en una de las pistas más desconcertantes sobre la Edad de Hielo en el sur de Estados Unidos. Un equipo liderado por John A. Moretti, de la Universidad de Texas en Austin, ha estudiado Bender’s Cave, en el condado de Comal, y allí ha encontrado una concentración de fósiles que no encaja bien con la imagen clásica de un Texas dominado por praderas frías y secas al final del Pleistoceno.
La singularidad del hallazgo empieza por el propio lugar. No se trata de una cueva seca convencional, sino de una “water cave”, una cavidad atravesada por un curso subterráneo activo. Los investigadores recuperaron los restos directamente del lecho del río interno, con snorkel, gafas y neopreno, en un trabajo mucho más parecido a una exploración subacuática que a una excavación paleontológica tradicional.
Lo que apareció allí fue una mezcla de animales tan llamativa como difícil de encajar. Junto a especies esperables para la megafauna norteamericana, como bisontes, mamuts o camellos, surgieron restos de Megalonyx jeffersonii, una tortuga gigante del género Hesperotestudo, un pampatérido del género Holmesina y mastodontes, varios de ellos muy raros o inéditos hasta ahora en el centro de Texas. Esa combinación sugiere un paisaje más complejo que la vieja postal de llanura abierta y clima severo.
El problema es que los fósiles no estaban en capas limpias que permitan fecharlos con facilidad. Los huesos aparecieron redondeados, desgastados y teñidos por minerales, señales de que fueron arrastrados por corrientes y acumulados dentro de la cueva durante episodios de inundación. Eso complica mucho la cronología, pero también ha empujado a los científicos a comparar la composición faunística con otros yacimientos mejor conocidos de Texas.
Y ahí llega la parte verdaderamente sugerente. Según el estudio publicado en Quaternary Research, el conjunto de Bender’s Cave se parece más a yacimientos vinculados a intervalos cálidos, como el último interglacial o quizá algún periodo interstadial, que a los sitios del último máximo glacial. Si esa interpretación se sostiene, el hallazgo estaría apuntando a un Texas más templado y quizá más boscoso, un ecosistema prácticamente ausente hasta ahora del registro fósil del centro del estado.
