Durante mucho tiempo, se ha creído que las islas se forman a partir de la actividad volcánica o de la acumulación gradual de arena por las mareas. Sin embargo, un islote en Fiyi desafía esta idea convencional. Un equipo de investigadores visitó este pequeño islote, apenas visible sobre la superficie del océano, y descubrió algo inesperado. En lugar de un suelo rocoso o de sedimentos típicos, encontraron una masa compacta compuesta por millones de conchas marinas que cubrían casi toda su superficie.
Hallan en el Pacífico una inquietante “isla fantasma” que los expertos definen como un archipiélago de basura
Este pequeño territorio, situado en la isla de Vanua Levu, está compuesto en un 90 % por estos restos, que definen casi por completo su superficie. Los científicos utilizan el término arqueológico “midden island” (literalmente, “isla de basura”) para describir esta singular formación. Según un estudio publicado en la revista Geoarchaeology, varios grupos humanos visitaron este lugar durante aproximadamente 1.200 años con un propósito específico: procesar marisco. No era un asentamiento permanente, sino una especie de área de trabajo costera donde abrían moluscos para consumir su carne, dejando los caparazones amontonados en el mismo lugar.
🌊🐚 Picture this: a full island built from centuries of ancient seafood feasts!
A recent study has spotlighted a remarkable 3,000-square-meter island off the western coast of Vanua Levu, Fiji’s northern island. This low-lying spot, tucked among mangroves near Culasawani, rises… pic.twitter.com/ZaxAZs4N3b
— ___ / 𓆑𓂋𓄿𓂋𓇋𓁐 ___ = Valerie (@Val_NuestraCosa) April 3, 2026
Las dataciones por radiocarbono realizadas por el equipo dirigido por Patrick D. Nunn, de la Universidad de Melbourne, sitúan el origen de esta acumulación alrededor del año 760. Este periodo coincide con la expansión de los pueblos cultura Lapita, célebres navegantes que colonizaron gran parte de las islas del Pacífico. Lo más sorprendente es que no se trata de un vertedero caótico, sino de una acumulación constante y reiterada a lo largo de generaciones, casi como si se tratara de una práctica sistemática que, sin proponérselo, acabó dando forma a un nuevo territorio.
Inicialmente, los investigadores consideraron la posibilidad de que un tsunami hubiera depositado abruptamente todas esas conchas. Sin embargo, el análisis de los sedimentos marinos descartó cualquier evento catastrófico, ya que no se encontraron indicios de grandes olas que pudieran explicar una acumulación tan repentina. La explicación, mucho más sencilla y reveladora, es que el islote se formó gradualmente como resultado directo de una práctica cotidiana repetida durante siglos.
Este descubrimiento nos obliga a replantear nuestra comprensión de la huella ecológica, que a menudo asociamos únicamente con la industria moderna o la contaminación por plásticos. El islote de Fiyi demuestra que los humanos han estado transformando su entorno durante milenios, incluso a través de actividades tan básicas como alimentarse y desechar los restos.















