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Científicos atónitos descubren una ciudad medieval de hierro a 2.100 metros: 120 hectáreas ocultas en los bosques de Asia

Los directores de la excavación sostienen que Tugunbulak podría encajar con Marsmanda, una ciudad de montaña mencionada en textos árabes del siglo X.
Científicos atónitos descubren una ciudad medieval de hierro a 2.100 metros: 120 hectáreas ocultas en los bosques de Asia
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Actualizado: 11:53 27/1/2026
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A más de 2.000 metros de altitud, en las montañas del sureste de Uzbekistán, en Asia Central, un equipo internacional ha empezado a sacar a la luz lo que, sobre el papel, no debería existir ahí: una gran ciudad medieval en tierras altas. El yacimiento —Tugunbulak— ocupa unas 120 hectáreas (cerca de 300 acres), una escala que lo coloca entre los grandes centros regionales de su tiempo y que obliga a repensar cómo funcionaban los corredores de la Ruta de la Seda lejos de los oasis.

La clave para “ver” esa ciudad no ha sido una muralla emergiendo del suelo, sino la combinación de excavación clásica y teledetección con drones equipados con LiDAR, capaz de levantar modelos de relieve con un detalle casi centimétrico. Con ese mapeo de alta resolución —construido a partir de múltiples vuelos— han podido distinguir trazas urbanas difíciles de leer a simple vista: plazas, líneas de fortificación, caminos y concentraciones de viviendas en un paisaje de pastizal y erosión.

Una ciudad planificada en la montaña

Lo que aparece en los mapas no sugiere un campamento “grande”, sino una planificación clara: sectores diferenciados, defensas y una arquitectura que se adapta a pendientes y terrazas. Las reconstrucciones hablan de cientos de estructuras y de un núcleo fortificado que pudo funcionar como centro de control —una ciudadela o complejo principal—, algo coherente con una ocupación sostenida durante siglos y con funciones que iban más allá de dar cobijo a pastores de paso.

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El apodo de “ciudad de hierro” no es una licencia poética: en Tugunbulak hay señales directas de metalurgia a escala. Las excavaciones preliminares en uno de los edificios fortificados han sacado restos de hornos y estructuras asociadas a fundición; además, el equipo está analizando químicamente la escoria para confirmar procesos de producción de hierro y, potencialmente, de acero. Reuters y la propia Universidad de Washington en St. Louis apuntan a que esa industria pudo ser el motor económico del enclave, alimentada por recursos locales y conectada a redes de intercambio.

Ruta de la Seda más allá de los oasis

La lectura histórica de fondo es igual de potente: durante mucho tiempo, el relato dominante ha pintado a las comunidades pastoriles de Asia Central como dependientes de ciudades “sedentarias” en las tierras bajas. Tugunbulak (y el cercano Tashbulak, mucho menor) empuja en dirección contraria: las montañas no serían solo un obstáculo en los mapas de la Ruta de la Seda, sino un espacio productivo con hubs propios, donde circulaban animales, minerales, tecnología y también creencias —con el caso de Tashbulak destacando por su gran cementerio, interpretado como una señal temprana de islamización en la zona.

Los directores de la excavación sostienen que Tugunbulak podría encajar con Marsmanda, una ciudad de montaña mencionada en textos árabes del siglo X y famosa por su hierro, hasta ahora sin localización segura. Si esa identificación se consolida, el hallazgo no solo rellena un hueco en el mapa, sino que añade contexto a su final: dataciones y lecturas recientes sitúan el declive en la primera mitad del siglo XI, en un cóctel probable de tensiones políticas y presión ambiental ligada a recursos (incluida la demanda de combustible para la metalurgia).

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