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Así extinguieron los humanos a la única bestia depredadora de un remoto archipiélago hace menos de 150 años

La desaparición del warrah ilustra una verdad incómoda: la fragilidad de los ecosistemas insulares cuando entran en contacto con el ser humano.
Así extinguieron los humanos a la única bestia depredadora de un remoto archipiélago hace menos de 150 años
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Actualizado: 16:40 4/9/2025
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En el extremo sur del Atlántico, las islas Malvinas albergaron durante milenios a un depredador que parecía salido de un relato fantástico: el warrah, un cánido robusto que no temía al hombre. Aislado en un ecosistema sin competidores, se convirtió en el único mamífero terrestre nativo del archipiélago. Su destino, sin embargo, se torció en el mismo instante en que la confianza hacia los recién llegados sustituyó al instinto de alerta. Ese rasgo, fruto de siglos de vida sin depredadores, resultó ser su condena definitiva.

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Un animal entre el lobo y el zorro

Las primeras referencias datan de 1690, cuando el capitán John Strong describió a un animal que se acercaba sin recelo a los marineros británicos para olfatear botas y arrebatar comida. Aquella conducta llamó la atención de exploradores posteriores, entre ellos Bougainville, que no supo decidir si lo que veía era un lobo o un zorro. De ahí nació su nombre científico, Dusicyon australis, un término que refleja su naturaleza ambigua y su aislamiento evolutivo.

Charles Darwin lo observó en 1833 durante el viaje del Beagle y fue uno de los primeros en advertir su futuro incierto. Fascinado por su mansedumbre, dejó escrita una predicción sombría: “Lo más probable es que este zorro se clasifique con el dodo como un animal que ha desaparecido de la faz de la tierra”. El naturalista relató con crudeza la facilidad con la que los gauchos lo cazaban: un trozo de carne en una mano y un cuchillo en la otra bastaban para acabar con él.

De advertencia a realidad

Apenas 40 años después, sus palabras se cumplieron. El avance de los colonos británicos y escoceses, que veían al warrah como amenaza para el ganado ovino, desencadenó una persecución sin tregua. Con recompensas económicas por cada ejemplar abatido y un floreciente comercio de pieles, el exterminio fue rápido e implacable. En 1865 ya había desaparecido de la isla oriental, y en 1876 un colono disparó al último ejemplar conocido en la isla occidental.

Aunque su vida se apagó en el siglo XIX, el interés científico permaneció. Los restos disecados que hoy se exhiben en museos europeos y sudamericanos han permitido analizar su genética. Investigaciones de 2009 lo vincularon con el aguará guazú, un cánido sudamericano de largas patas; otro estudio de 2013 lo relacionó con Dusicyon avus, especie extinta de la Patagonia. Incluso excavaciones en 2021 sugirieron que pudo haber llegado a las islas acompañado de grupos humanos preeuropeos.

La lección del warrah

Un depredador confiado que durante siglos reinó en su territorio fue eliminado en apenas unas décadas por el miedo al lobo feroz que nunca fue. Su historia recuerda que la mansedumbre puede ser tan peligrosa como la fiereza, y que la mayor amenaza para la biodiversidad sigue siendo, ayer y hoy, nuestra propia especie.

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