Un equipo internacional ha documentado en el borde sur del desierto de Nefud (Arabia Saudí) 62 paneles con 176 grabados rupestres, de los cuales 130 representan animales a tamaño natural —principalmente camellos, pero también íbices, équidos, gacelas e incluso un uro—. Las figuras, talladas con una naturalidad sorprendente, se distribuyen en tres macizos —Jebel Arnaan, Jebel Mleiha y Jebel Misma— y alcanzan una escala monumental, con composiciones de más de 20 metros y escenas situadas hasta a 39 metros de altura sobre el terreno.
Los resultados, publicados en Nature Communications, datan estas obras entre 12.800 y 11.400 años de antigüedad, lo que las convierte en el arte rupestre monumental más antiguo conocido en Arabia. El hallazgo tiene implicaciones directas para la historia humana de la península: revela que grupos humanos ocuparon y transformaron el interior árido miles de años antes de lo que se creía.
Camellos de piedra en el umbral del Holoceno
Los arqueólogos combinaron prospecciones, excavaciones y dataciones por luminiscencia (OSL) en antiguos sedimentos lacustres para anclar cronológicamente las escenas y su entorno ambiental. En Jebel Arnaan, dos muestras OSL bajo un panel con camellos arrojaron edades de 12,8 ± 1,1 ka y 12,2 ± 1,4 ka, mientras que un hogar fechado por radiocarbono en 11,44 ± 0,18 ka confirma la presencia humana en el mismo intervalo.
La conclusión del estudio es clara: estos enclaves fueron puntos de paso y memoria en un paisaje donde el agua reaparecía estacionalmente tras el final del Último Máximo Glacial. En Arnaan, los paneles siguen un cauce que aún hoy forma charcas tras lluvias esporádicas y se conectan con antiguas depresiones lacustres; en Misma, las escenas se alinean con la orilla de una playa fósil.
Monumentos del agua y del movimiento
Según los autores, el despliegue visual y la escala de las figuras pudieron señalizar rutas hacia fuentes de agua, funcionando como marcas identitarias y monumentos de larga duración en sociedades nómadas. Algunos camellos superan los tres metros de longitud y fueron grabados en cornisas elevadas, lo que exigió una técnica excepcional y un trabajo en condiciones de alto riesgo.
El hallazgo no solo adelanta en milenios la continuidad humana en el interior de Arabia, sino que eleva el listón técnico y estético del arte prehistórico de la región. Medios como Reuters, AP y Smithsonian destacan la combinación de realismo, escala y dificultad como rasgo distintivo de Nefud frente a otros conjuntos neolíticos árabes.
Un mapa de rutas prehistóricas y un desafío de conservación
Más allá del impacto visual, el estudio ofrece datos sobre un periodo crítico: la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno. Los investigadores plantean que una red de “corredores de agua dulce” habría conectado el Nefud con el Levante, articulando movimientos humanos y simbólicos a lo largo de miles de años.
Por su escala, su datación y su papel en el paisaje, estos camellos —y las huellas humanas que los acompañan— reescriben cómo y cuándo se vivió y se soñó en una de las zonas más áridas del planeta.















