El cambio climático no solo se deja notar en los polos o en episodios extremos cada vez más frecuentes. También está transformando de manera silenciosa pero profunda el equilibrio de los océanos. Un estudio reciente publicado en la revista Science pone el foco en un problema creciente para los grandes depredadores marinos: el exceso de calor en sus propios cuerpos.
Los científicos expresan alarma y preocupación por el peligro que corren los grandes peces del océano, afirmando que el ecosistema marino carece de equilibrio
El trabajo, en el que colabora la Universidad de Granada, señala que especies como el atún o el tiburón blanco combinan dos factores críticos: una enorme demanda energética y una capacidad limitada para liberar el calor que generan. A medida que la temperatura del agua aumenta, ese desequilibrio se vuelve cada vez más peligroso.
Los investigadores advierten de un “desfase térmico” entre el calor que producen estos animales y el que logran disipar, una brecha que los hace especialmente vulnerables en un contexto de calentamiento global.
Para comprender el problema, los científicos distinguen entre dos grandes grupos de peces. Los ectotermos, cuya temperatura corporal depende del entorno, y los mesotermos, capaces de generar calor interno, donde se encuentran algunas de las especies más grandes y emblemáticas del océano.
Este grupo de peces enfrenta un riesgo particular. No solo requieren más energía para mantenerse activos, sino que también tienen dificultades para enfriarse. El estudio destaca que, cuanto mayor es el animal, más calor produce en relación con su capacidad para expulsarlo.
Esto explica por qué muchas de estas especies habitan en aguas frías o a gran profundidad: esos entornos actúan como reguladores naturales de su temperatura. Sin embargo, el calentamiento progresivo del océano está reduciendo estos refugios térmicos.
La investigación también examina el pasado para comprender el futuro. Los autores sugieren que gigantes prehistóricos como el megalodón pudieron desaparecer, en parte, debido a una combinación de elevadas necesidades energéticas y cambios en la temperatura del mar. De cara al futuro, las previsiones son preocupantes. Se esperan desplazamientos masivos de estas especies hacia zonas más frías, lo que podría alterar cadenas tróficas completas y tener un impacto directo en la pesca a escala global.















