El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) confirmó el viernes 5 de junio el hallazgo de un segundo caso de gusano barrenador del Nuevo Mundo en un ternero de un mes en el condado de Zavala, Texas. Esta región es fundamental para la industria ganadera y agrícola del país.
Este descubrimiento se produce en un momento de gran preocupación sanitaria. El gusano barrenador del Nuevo Mundo, considerado uno de los parásitos más perjudiciales para la ganadería, fue erradicado oficialmente en Estados Unidos en 1966. Sin embargo, reapareció en 2017 con un brote en el sur de Florida, y ahora vuelve a surgir con este nuevo caso, lo que genera inquietud en el sector.
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La alarma se desató días antes, el 3 de junio, cuando se detectó el primer caso tras analizar muestras de otro ternero en el mismo condado. Ante esta situación, las autoridades activaron los protocolos de emergencia, conscientes de que podría no tratarse de un incidente aislado.
Con estos casos confirmados, la prioridad es evitar la propagación del parásito. Se cree que el avance del gusano barrenador está relacionado con la migración gradual de la mosca desde Centroamérica y México, lo que añade un componente geográfico y estructural al problema. El desafío ahora es contener un posible brote en un país donde el censo bovino se encuentra en su punto más bajo en las últimas siete décadas.
El gusano barrenador del Nuevo Mundo representa una amenaza directa para el ganado, la fauna silvestre, las mascotas e incluso los seres humanos. Sus larvas se alimentan de tejido vivo, provocando heridas graves que pueden ser mortales. A diferencia de otras especies que se alimentan de materia muerta, este parásito ataca carne viva en animales de sangre caliente.
Ante el primer caso, las autoridades establecieron rápidamente una zona de cuarentena de unos 20 kilómetros alrededor de la explotación afectada. Se reforzó la vigilancia epidemiológica y se limitaron los movimientos de ganado en el área. Como medida de control adicional, se liberaron moscas estériles para interrumpir el ciclo reproductivo del insecto, una técnica ya utilizada con éxito en el pasado para su erradicación. Además, se proyecta la construcción de una nueva planta de cría de estos insectos en Edinburg, en el sur de Texas.
El USDA estima que el impacto económico de una posible expansión del parásito podría alcanzar los 1800 millones de dólares solo en Texas. Sin embargo, la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, ha intentado calmar a la población asegurando que “no existe amenaza de infestación masiva”, aunque la vigilancia se mantiene en niveles máximos para prevenir cualquier eventualidad.















