El fenómeno Pokémon Pokopia se revitaliza para el verano. Esto lo hace de dos maneras, ambas disponibles desde el 5 de agosto. La primera, con una gigantesca actualización gratuita con contenidos la mar de interesantes; con ellos, el simulador de vida y juego de construcción de Pokémon para Switch 2 mejora, se amplía y se pule. La segunda, con un DLC, la primera parte del pase de expansión, que nos lleva a un vecindario bajo el mar, una localización que no tiene nada que envidiar a las que descubrimos en marzo.
Quienes hayan encarnado al Ditto que protagoniza esta particular combinación de Animal Crossing y Minecraft sabrán todo lo que supone un nuevo vecindario. Nuevos Pokémon que conocer y hábitats que descubrir, más objetos con los que decorar y materiales con los que construir, pero, más importante aún, son más aventuras que vivir al seguir las misiones de las criaturas con las que trabemos amistad y al explorar un entorno, Cuenca Coralina, que esconde más de lo que parece al llegar.
Para acceder al vecindario es necesario pasar por caja. En concreto, hay que comprar un pase de expansión en tres partes cuyos componentes no se pueden adquirir por separado. Así que, en cierta manera, es una apuesta. El primer DLC, como explicaremos a continuación, es más Pokopia, un contenido adicional tan continuista como bien ejecutado, en el que se nota el buen trabajo en cuanto a diseño de Koei Tecmo y Game Freak. El segundo contenido adicional añadirá más Pokémon y decoraciones, pero sin nuevas zonas, mientras que la tercera parte, que se irá a 2027, sí tendrá una nueva localización.
La actualización gratuita trae un cambio fundamental
La habilidad que permite acceder al nuevo mundo está entre los contenidos gratuitos de la versión 2.0, y no es moco de pavo. En Bahía Borrasca conocemos a Manaphy, un Pokémon singular que nos enseñará Buceo. Ese movimiento permite explorar el fondo del mar. La utilidad de ello está en que la actualización también introduce la construcción submarina, por lo que los jugadores más creativos podrán desarrollar sus vecindarios bajo el agua.
Sin embargo, entre los muchísimos cambios, mejoras y retoques para hacer la partida más cómoda que incluye la actualización, hay un objeto trascendental. Cuando analizamos el juego base nos quejamos de que la gestión del inventario era engorrosa. Con frecuencia nos veíamos viajando entre vecindarios, rebuscando en los cofres que colocamos, para encontrar (o no) el objeto que buscábamos. El parche 2.0 añade el Terminal de almacenaje, un baúl de 80 espacios conectado entre regiones. Aprenderéis a fabricarlo en la Pradera Paleta, pero quienes tengan el DLC acabarán dando con una de estas terminales.
Un mundo que da gusto explorar
La sorpresa de encontrarse con este Terminal es una de las muchas que hemos tenido en nuestras primeras horas en Cuenca Coralina, una localización que vuelve a destacar por lo mismo que el resto de vecindarios: un diseño fantástico. Acostumbrados a juegos del género que generan sus mundos de manera procedimental o los plantean como un lienzo en blanco sobre el que construir, Pokopia supuso un soplo de aire fresco que en esta región continúa.
Aquí todo está diseñado intencionalmente pensando en la mirada del jugador en cada momento del progreso por esta nueva aventura. Una pared con rocas diferentes al resto, un rayo de luz que se cuela por una rendija, un bloque de arena que deja a medio tapar una trampilla. Elementos que dejan entrever secretos y que nos emocionan ante lo que puedan ocultar.
La diferencia está en que Cuenca Coralina es un pequeño mundo abierto que de desarrolla casi totalmente bajo el agua. Esto permite un diseño todavía más vertical que anteriormente, y por lo tanto, hay puntos de interés tanto al alcanzar la superficie del mar como al colarnos por los recovecos más profundos. De hecho, hay lugares, las fosas marinas, rodeadas de una oscuridad casi absoluta, aunque tendremos varias maneras para iluminarlas y explorarlas con comodidad.
Eso, la exploración que ya sorprendió en Pokopia, es lo que se potencia en este entorno, pero también se pone atención a que el resultado de esa exploración sea interesante. Hemos tenido sensaciones de descubrimiento parecidas a las que experimentamos en los juegos de FromSoftware o en Zelda: Breath of Wild al dar con una gran construcción sumergida y enterrada o al encontrarnos con una tienda que nos suena. Es una sensación de descubrimiento parecida, que no idéntica, porque aquí va ligada a la nostalgia de hallar e identificar sitios emblemáticos que recorrimos en Game Boy antes de que Kanto se transformara en un posapocalipsis.
Una estructura conocida para conocer a nuevos amigos
Las misiones que encomiendan los nuevos Pokémon por conocer apuntan hacia algunos de esos misterios o, al menos, incitan a pasar cerca de esas localizaciones para que pique la curiosidad. En este sentido, la estructura es la misma que experimentamos en el resto de vecindarios: un puñado de encargos para descubrir las criaturas nuevas más protagonistas, otros tantos para aprender a utilizar mecánicas u objetos, y las misiones principales, que vuelven a girar en en torno a la reconstrucción del Centro Pokémon, incrementar la felicidad de los habitantes y descubrir a un Pokémon singular.
La estructura es la misma, y por lo tanto, también lo es ese bucle de descubrir o construir objetos, crear hábitats inéditos y completar la Pokédex (la de Cuenca Coralina está separada del resto) que provoca que las horas se perciban como minutos. No es de extrañar que los nuevos Pokémon sean de agua, aunque sí que no se centren tanto como en el juego base en los de la primera generación: Totodile, Chinchou, Mudkip, Corsola y otras criaturas tienen un rol prominente para enseñarnos lo que tiene por ofrecer el nuevo vecindario.
Por ejemplo, construir amenazantes casas flotantes con forma de Sharpedo, o utilizar los nuevos postes que transfieren electricidad sin necesidad de cables, o preparar batidos de fruta. Pero los encargos vuelven a ser la carta de presentación de la región, que busca ser asimilada al ritmo de quien juega. Mientras tratas de crear todos los nuevos hábitats encuentras pueblos que construir, notas cargadas de nostálgico lore, cultivos que cuidar e incluso mapas del tesoro que invitan a escudriñar la región.
Conclusiones
La primera parte del pase de expansión de Pokémon Pokopia no ofrece nada especialmente fresco (a pesar de transcurrir bajo el agua) y le faltan las ligeras pinceladas de épica que tenía el juego base en algunos momentos, pero es más Pokopia. Eso no es poco, ni desde el punto de vista del diseño, que ofrece un mundo oceánico con interesantes secretos que se explora de manera orgánica y satisfactoria; ni desde el punto de vista del jugador, que tiene ante sí más de una decena de horas para descubrir hábitats, conocer nuevos Pokémon y hacerlos felices. Y quien quiera reconstruir o rediseñar Cuenca Carolina, ya sabe lo que le espera: un gigantesco cajón de sastre con localizaciones que harán saltar una lagrimita al fan y con aún más herramientas y decoraciones para crear su mundo Pokémon de ensueño, esta vez subacuático.
Hemos realizado estas impresiones gracias a un código para Switch 2 facilitado por Nintendo of Europe SE - Sucursal en España.



































