Análisis MotoGP 26, una entrega más fina y convincente sobre el asfalto (PS5, PC, Xbox Series X, Switch 2, Switch)
MotoGP 26 es el videojuego oficial del campeonato de 2026, con los pilotos, motos, equipos y circuitos de MotoGP, Moto2 y Moto3, y con esa mezcla de simulación y espectáculo que Milestone lleva años persiguiendo. La estructura base sigue siendo la habitual: competir fin de semana tras fin de semana, trabajar en la puesta a punto, progresar en el paddock y decidir hasta qué punto queremos una experiencia accesible o una que nos obligue a estudiar cada detalle de la moto.
Más simulador que nunca, pero sin cerrarle la puerta a nadie
Uno de los mayores aciertos de esta etapa reciente de la saga es haber entendido que no todo el mundo quiere acercarse al motociclismo virtual del mismo modo. MotoGP 26 mantiene la doble vía entre la experiencia arcade y la profesional, permitiendo que quien sólo quiera correr pueda hacerlo con una conducción más amable, mientras que quien busque una experiencia más dura tenga herramientas de sobra para complicarse la vida. Frenadas, electrónica, consumo, ayudas, tutoriales y dificultad adaptable conviven aquí de una manera bastante coherente. Eso sí, conviene dejar claro que esta separación no debuta en esta entrega, ya que Milestone la introdujo el año pasado en MotoGP 25; la diferencia es que ahora parece mejor asentada dentro del conjunto.
Y es que la sensación general que deja el juego es la de una entrega que entiende mejor qué quiere ser. En Arcade sigue habiendo espacio para una experiencia rápida, directa y bastante agradecida, una que permite disfrutar del campeonato sin estudiar telemetrías durante horas. Pero es en Pro donde más brilla, porque ahí aparece una conducción mucho más exigente, más física y más técnica, de las que obligan a pensar la frenada, a respetar la transferencia de pesos y a tratar la moto con bastante más delicadeza. No nos parece un título pensado para jugar por inercia, y eso, en una saga como esta, nos parece una muy buena noticia.
La gran novedad está en el piloto
La mejora más importante con respecto a la anterior entrega está en el nuevo sistema de físicas basado en el llamado «manejo por piloto». Dicho de una manera más clara, Milestone ha querido que no sintamos sólo que guiamos una máquina, sino también que gestionamos el cuerpo del piloto sobre ella. El peso, los movimientos y la colocación tienen ahora más presencia en la conducción, y eso se traduce en una sensación más natural al entrar en curva, corregir la trazada o levantar la moto a la salida. Es la clase de cambio que quizá no luzca tanto en una lista de características, pero que afecta a cada segundo que pasamos en pista.
La inmensa mayoría del tiempo creemos que el pilotaje es mejor, más fino y más satisfactorio, aunque también hay veces que las físicas nos parecen peores que en las anteriores entregas. Nuestra sensación es que no estamos ante una revolución, pero sí ante una evolución muy bien enfocada, una de esas que no cambian la saga desde la raíz, pero sí la hacen bastante mejor en lo que realmente importa, si bien va a necesitar o actualizaciones o esperar a la próxima edición para pulir este aspecto.
Fuera del asfalto también hay novedades. El modo Carrera permite crear a nuestro piloto o reescribir la trayectoria de una estrella real del campeonato, y da más importancia a las negociaciones, a las ruedas de prensa, al mercado de fichajes y al desarrollo de la moto. Además, se introducen las «valoraciones dinámicas de pilotos», que actualizan el rendimiento de los pilotos en función de los resultados del mundo real. Son añadidos interesantes, porque refuerzan la sensación de estar participando en una temporada viva, conectada con el deporte que adapta, y no simplemente encadenando carreras una detrás de otra.
Ahora bien, también da la impresión de que Milestone todavía no termina de rematar este apartado. Hay más contexto, más capas y más cosas que hacer, sí, pero no todas tienen el mismo peso, y el modo Carrera sigue sin ser tan profundo o tan carismático como podría llegar a ser. Mejora, sin duda, pero sigue dejando la sensación de que la saga todavía tiene margen para construir un modo principal con más personalidad y más capacidad para atraparnos durante toda una temporada. Es, seguramente, el mayor «pero» que arrastra la entrega.
También vuelve Race Off, esa parte del juego que intenta enseñarnos la vida del piloto más allá del gran premio. En esta ocasión se mantienen las disciplinas introducidas el año pasado —motard, minibikes y flat track— y se añaden las nuevas «Production Bikes» en eventos de marca específica, además de una nueva localización como Canterbury Park. Está bien que Milestone siga ampliando este bloque, porque aporta variedad y rompe el ritmo entre carreras oficiales, pero sigue pareciéndonos un añadido más simpático que imprescindible. Entretiene, cambia el tono y ayuda a que el paquete resulte más completo, aunque cuesta verlo como una razón de peso para volver una y otra vez a él.
Una carrera más viva, aunque todavía no definitiva
Lo mejor de MotoGP 26 es bastante fácil de resumir: cuando estamos en pista, funciona. La combinación entre autenticidad, sensación de velocidad, oficialidad de la licencia, mejores físicas y dos puertas de entrada —Arcade y Pro— hace que sea un título muy fácil de recomendar a quien disfrute con el motociclismo. Visualmente, además, en PS5 Pro se ve muy bien. No sabemos la resolución nativa, pero la imagen se ve muy limpia, y tenemos una tasa de imágenes por segundo muy estable. Es uno de esos juegos en los que lo importante, que es correr, está claramente por encima de todo lo demás.
Lo peor también se repite con cierta insistencia: fuera de la pista, la saga sigue teniendo cosas que pulir. Una IA algo irregular, una dificultad adaptativa no siempre bien medida, un modo Carrera que todavía puede dar más de sí, entrevistas algo planas, comentarios poco inspirados, podios repetitivos y una presentación secundaria menos brillante que la conducción. Y sobre todo, unas nuevas físicas que pueden pecar de irregulares. No es un desastre ni mucho menos, pero sí el recordatorio de que MotoGP 26 puede ser un juego bastante mejor con un par de actualizaciones.
Una muy buena entrega que aún no termina de rematar la faena
MotoGP 26 nos deja la sensación de ser la clase de secuela anual que debería aspirar a ser cualquier saga deportiva: continuista, sí, pero con mejoras donde más importan. No cambia por completo la fórmula, no reinventa el modo Carrera y no convierte sus añadidos en imprescindibles, pero pule la conducción, refuerza la identidad simuladora y ofrece una puerta de entrada más amable para quien venga de fuera. Tiene algunos problemas innegables, pero si os gusta MotoGP y queréis la versión más refinada y actual de esta serie, es una recomendación bastante clara; si esperabais una revolución, encontraréis más evolución que otra cosa.
Hemos realizado este análisis en PS5 Pro con un código de descarga proporcionado por Plaion.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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