Análisis de Hot Wheels Infinite Rush: el salto al mundo abierto que la marca necesitaba (PS5, PC, Xbox Series X, Switch 2)
Después de dos entregas centradas en la construcción de pistas y la acción arcade más pura, Milestone da un giro de guion con Hot Wheels Infinite Rush, que abandona la estructura de circuitos cerrados de Hot Wheels Unleashed y su secuela para apostar por un juego de carreras de mundo abierto. Lo hemos jugado en PlayStation 5, donde llega el 10 de septiembre junto a PC, Xbox Series X/S y Nintendo Switch 2, por 49,99 euros en su edición estándar (también hay Deluxe por 79,99 euros y Ultimate por 99,99 euros, ambas con vehículos y una isla adicional dedicada a Ferrari).
La propuesta es sencilla de entender: cuatro islas temáticas, cada una con su propia ambientación y su propio Daredevil (una especie de jefe final al que hay que derrotar completando una serie de eventos previos), forman un gran patio de recreo por el que circular libremente al volante de coleccionables de la marca.
En lugar de encadenar carrera tras carrera de forma lineal, el juego nos anima a saltar de una actividad a otra según nos apetezca: una carrera clásica puede derivar en un desafío de acrobacias, un tramo de exploración puede acabar en una persecución improvisada contra un rival para hacernos con su coche, y siempre hay un atajo, una rampa o un bucle absurdamente grande esperando a la vuelta de la esquina.
Cuatro clases de coche, un estilo de conducción para cada gusto
Al principio, no os vamos a engañar: nos ha costado entrar del todo en la propuesta de mundo abierto de Hot Wheels Infinite Rush. Explorar las islas sin más, solo por el gusto de encontrar coleccionables en forma de pegatinas o toparnos con actividades secundarias de relleno, se nos ha hecho bastante aburrido en las primeras horas, y esa incertidumbre inicial nos ha hecho dudar de si el cambio de fórmula había merecido la pena. Por suerte, el juego se reivindica en cuanto nos centramos en su verdadero contenido: las actividades principales que hay que ir completando para desbloquear el acceso a cada nueva isla, mucho más elaboradas y satisfactorias que el relleno que las rodea, y que terminan siendo el motivo real por el que merece la pena seguir jugando.
El plantel de vehículos, con más de 150 unidades a coleccionar, se reparte en cuatro clases bien diferenciadas: los Versátiles, equilibrados y polivalentes; los Titanes, pesados y con mucha resistencia; los coches de Derrape, pensados para encadenar drifts imposibles; y los Bólidos, centrados en la velocidad punta. Cada clase se conduce de forma sensiblemente distinta, y el juego premia formar una especie de escuadrón de coches variados para poder cambiar de vehículo sobre la marcha según lo que pida cada actividad, en lugar de aferrarnos siempre al mismo coche favorito. De toda la flota probada, el que más nos ha convencido ha sido un Versátil, el Fiat 500, que no nos ha fallado en ninguna de las carreras en las que lo hemos llevado.
En cuanto al manejo en sí, Hot Wheels Infinite Rush mantiene ese punto de rigidez a baja velocidad tan característico del arcade de Milestone: los coches responden con cierta pesadez cuando vamos despacio, pero ganan fluidez y espectacularidad en cuanto entra en juego el derrape o el turbo. No es la conducción más precisa del género, pero tampoco lo pretende ser: aquí lo importante es la sensación de estar jugando con un coche de juguete a escala real, y eso es lo que el juego logra hacer bien.
Cuatro islas tan variadas como vistosas
El diseño de las islas es, probablemente, el mayor acierto de este nuevo juego. Cada una tiene una identidad visual propia (calles urbanas con trazado de cuadrícula, zonas de montaña, entornos más caóticos y desafiantes) y está sembrada de las clásicas pistas naranjas de Hot Wheels, con rizos imposibles y saltos exagerados que conviven con el escenario "real" de cada isla. Las localizaciones son variadas en su totalidad y, junto al propio plantel de coches, son de lo más vistoso del conjunto, con un mapa que invita constantemente a desviarse del objetivo marcado para ver qué hay detrás de la siguiente colina o debajo del siguiente rascacielos.
El diseño de sonido ayuda bastante a reforzar esa fantasía de juguete: cada golpe contra una farola, un arbusto o cualquier elemento del escenario viene acompañado de un característico chasquido de plástico que recuerda, de forma muy directa, a los golpes de un coche de Hot Wheels de verdad contra el suelo de casa. Es un detalle pequeño, pero que consigue que todo se sienta coherente con la marca durante nuestras travesías.
Modos rápidos para toda la familia, más allá de la carrera clásica
Para quien venga de las anteriores entregas, el Editor de pistas sigue siendo una de las señas de identidad de la saga, y en esta ocasión llega con mejoras de comodidad relevantes: ya no hace falta ajustar manualmente la altura de cada pieza para que encaje con el terreno, ya que ahora es posible fijar los módulos de la pista para que se adapten automáticamente al desnivel del escenario, situándose en el aire. Es un cambio menor sobre el papel, pero que agiliza bastante la construcción de circuitos propios sobre las nuevas islas de mundo abierto, algo que no siempre resultaba intuitivo en las entregas anteriores.
Lejos de estancarse en un juego pensado solo para el multijugador online o para el picoteo de tareas secundarias, Milestone le da un pequeño giro a su propio estilo con una buena batería de modos rápidos pensados para jugar hasta con cuatro personas en pantalla dividida. Además de la típica carrera clásica, hay un modo centrado en el drifting, otro de eliminación y varias variantes algo más especiales que rompen un poco la rutina de correr sin más.
Hot Wheels Infinite Rush incluye, además del modo para un jugador, esta pantalla partida local de hasta cuatro jugadores y multijugador online con crossplay entre plataformas. Nosotros hemos probado estos modos rápidos con dos jugadores a la vez, y la experiencia ha resultado muy divertida, al menos para quien lleva el mando del jugador uno; el segundo puesto en la partida ya es otra historia. Es una decisión que se agradece en un juego pensado, por tono y accesibilidad, para un público familiar amplio, y que en nuestras partidas ha funcionado sin sobresaltos ni problemas.
La mejor propuesta de Milestone hasta la fecha
Hot Wheels Infinite Rush llega con los textos traducidos al español, tanto en su variante de España como en la latinoamericana, aunque no hemos encontrado confirmación de que el juego incluya doblaje a nuestro idioma, así que es probable que las (pocas) voces del juego se mantengan en inglés.
Milestone y Mattel han sabido dar el salto que la saga necesitaba para renovarse sin perder su identidad. El cambio a mundo abierto tarda algo en enseñar sus mejores cartas y flaquea cuando se apoya solo en el relleno, pero el diseño de islas invita a perder el tiempo de la mejor manera posible en cuanto entran en juego sus actividades principales, y el multijugador local y online amplían su atractivo para jugar en compañía. No es una revolución del género de las carreras, pero sí una demostración de que Milestone sabe exactamente qué fantasía quiere vender con esta licencia, y la vende con solvencia.
Hemos escrito este análisis gracias a un código digital para PlayStation 5 proporcionado por Milestone.
NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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