Al día siguiente la agenda sería un poco más relajada y como principal tarea tuvimos que realizar la grabación cánticos de las aficiones para el juego, sin duda uno de los momentos más divertidos de toda la visita. Unos veinte periodistas de todo el mundo en un reducido estudio de grabación dirigidos por el simpático Tatsumi Adachi dispuestos a darlo todo donde tuvimos que entonar la Marcha Triunfal de la opera Aída, unos de los himnos deportivos más usados por las aficiones de todo el mundo. Sorprendidos se quedaron los japoneses a la vez que se echaron unas risas al ver el ímpetu y las ganas con las que literalmente "berreamos" cuales ultras o hooligans, unos más que otros la verdad. Una vez grabadas nuestras angelicales voces fuimos a la mesa de mezclas donde las insertaron en el juego y pudimos comprobar en tiempo real como quedaban en el juego, con sorprendente resultado, ya que no quedaban nada mal y se nos aseguró que había posibilidades de que se incluyera finalmente en el juego, aunque no lo creemos ya que nuestros gritos podrían dañar oídos sensibles y subir la calificación por edades del juego.

Como despedida por todo lo alto tuvieron la deferencia de llevarnos a ver un campeonato de Sumo, algo muy curioso por la cantidad de ceremonias que conlleva el antes y el después de los combates, ya que estos es raro que duren más allá de los diez segundos y se suelen resolver rápidamente, pero aunque sean cortos resultan muy intensos y emocionantes, pudiéndonos empapar un poco más de la siempre interesante cultura japonesa. Después fuimos a cenar a un restaurante de chanko, en el que pudimos degustar una de las comidas clásicas de un luchador de sumo, donde te sientas en el suelo entorno a unas mesas que tienen una cazuela en el medio en las que se van introduciendo ingredientes poco a poco, desde verduras y fideos hasta carne, toda una comida maratoniana de más de dos horas en la que no cesan de llegar alimentos y en la que solo los estómagos más fuertes pueden salir victoriosos. Terminada la cena Seabass hizo un brindis agradeciendo nuestra visita momento que aprovechamos el de la despedida para hacernos unas fotos con él como buenos mitómanos y darle las gracias por el buen trato recibido.













