La Ley de Bienestar Animal (LBA), promulgada en 2023, prometía establecer pautas claras para la convivencia entre humanos y mascotas en España. A pesar de ello, casi tres años después, persisten dudas entre los propietarios de perros y gatos sobre ciertos aspectos.
Con el aumento de las temperaturas y las terrazas convirtiéndose en una extensión natural del hogar, surge una pregunta recurrente: ¿es apropiado que un perro viva en un balcón o patio como si fuera su espacio habitual? La respuesta es un rotundo no, y la explicación no deja lugar a dudas.
La Ley de Bienestar Animal, que ya está en vigor, sanciona explícitamente el dejar a los perros en la terraza
La creciente importancia de esta cuestión se evidencia en las cifras. En España, el número de animales de compañía supera al de niños pequeños. Según el INE, los menores de cinco años rondan los 1,7 millones, mientras que el número de perros supera ampliamente esta cifra. Distintas estimaciones del sector sitúan el número de canes entre los 7 y los 10 millones, a los que se suman casi 6 millones de gatos. Esto refleja una realidad doméstica donde las mascotas ocupan un lugar central en millones de hogares.
En este contexto, la regulación no es meramente simbólica. La Ley de Bienestar Animal (LBA) establece un marco estricto sobre las condiciones de vida de los animales. En particular, prohíbe que terrazas, balcones, azoteas, trasteros o patios se conviertan en su lugar habitual de residencia. Es decir, no es legal mantener a un perro o un gato de forma continuada en estos espacios, aunque dispongan de caseta, comida o refugio.
El artículo 27 de la LBA lo deja claro al incluir estas prácticas dentro de las prohibiciones específicas, y el artículo 74 añade una capa más seria: hacerlo de manera permanente puede considerarse una infracción grave, con sanciones que pueden alcanzar cifras muy elevadas en los casos más graves.
La ley va más allá de la simple ubicación de los animales. Insiste en que los animales deben formar parte del núcleo familiar siempre que su especie lo permita, evitando situaciones de aislamiento prolongado. Cuando esto no es posible, se exige que dispongan de un entorno adecuado, protegido del clima y con condiciones mínimas de bienestar. Otro punto crucial, especialmente en periodos vacacionales, es el tiempo que pueden quedar solos. La norma prohíbe dejar a cualquier animal sin supervisión durante más de tres días seguidos, y en el caso de los perros, ese margen se reduce a 24 horas.
Puede parecer una regulación detallista, incluso excesiva en algunos puntos, pero responde a una realidad preocupante: todavía se detectan casos de animales relegados a balcones o espacios cerrados sin condiciones adecuadas. En verano, con el calor como factor añadido, los riesgos se multiplican de forma evidente.















