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Vacaciones sin aparatos ni wifi: el pueblo sin electricidad ni agua corriente que se ha puesto de moda: 'Así da gusto'

En tiempos de hiperconectividad, este lugar recuerda que el verdadero lujo puede ser, precisamente, volver a lo austero.
Vacaciones sin aparatos ni wifi: el pueblo sin electricidad ni agua corriente que se ha puesto de moda: 'Así da gusto'
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Actualizado: 10:59 25/8/2025
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En plena costa atlántica de Uruguay existe un lugar que parece resistirse al siglo XXI. Cabo Polonio, un pequeño poblado dentro de un parque nacional protegido, es uno de los enclaves más singulares de Sudamérica: allí no hay electricidad, agua corriente en las casas ni calles asfaltadas. Lo que para muchos sería una incomodidad, aquí se ha convertido en la esencia de la experiencia.

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Un pueblo alejado de la civilización

Llegar hasta el pueblo no es sencillo. Los visitantes deben dejar el coche en la entrada del parque y atravesar dunas y marismas en unos peculiares autobuses todoterreno de dos plantas, hasta alcanzar un paisaje de playas vírgenes, humedales y bosques costeros. Esta reserva natural es también refugio de especies amenazadas como el sapito de Darwin, la tortuga de canaleta o la ballena franca austral. Entre esa biodiversidad se abre paso una pequeña comunidad de apenas un centenar de habitantes.

La vida cotidiana allí es austera. No hay tendido eléctrico ni alumbrado público: la luz llega de linternas, velas o, simplemente, del cielo estrellado. Cargar un móvil requiere acudir a una de las tiendas locales, y el agua se bombea de manera manual en muchas viviendas. La gastronomía sigue el mismo patrón: ceviches, mazorcas de maíz o pescado fresco servido en sencillos puestos de playa, junto a algún restaurante de renombre como La Perla de Polonio.

El fotógrafo español Pablo Zamora relataba en Condé Nast Traveler que durante su estancia no tuvo más remedio que acostumbrarse a ese ritmo. “En nuestra casa no había electricidad ni agua corriente. Tuvimos que sacar el agua con una bomba y alumbrarnos con linterna. Pudimos vivir una auténtica desconexión. Es un lugar pensado para eso”, explicaba. Ese aislamiento voluntario es, paradójicamente, lo que atrae a viajeros de todo el mundo.

A pesar del aumento de visitantes en los últimos años, Cabo Polonio conserva un equilibrio delicado: las construcciones son bajas, no se permiten alteraciones que rompan la estética del entorno y la conservación del paisaje es prioridad para las autoridades locales. Esa autenticidad seduce no solo a turistas anónimos, sino también a personalidades. El propio presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, fue visto paseando descalzo y comprando pan sin escolta en el pequeño pueblo.

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