La próxima Resident Evil no quiere presentarse como “otra adaptación más”, sino como una ruptura consciente con lo que el cine ya ha hecho con la saga. El mensaje que está lanzando Constantin Film es bastante explícito: su CEO, Oliver Berben, dice que el director Zach Cregger tiene “carta blanca” y que la película quedará “lejos” de todo lo que la gente asocia automáticamente con Resident Evil. No suena a ajuste fino; suena a reinicio con personalidad propia.
Lo importante aquí no es la frase, sino quién la avala y por qué ahora. La licencia está repartida entre Sony Pictures (distribución) y Capcom (la marca original), y Constantin es el socio histórico que lleva décadas empujando la franquicia en cine. Que en ese triángulo se hable de libertad creativa total sugiere una apuesta: dejar que Cregger haga una “película de autor” dentro de un IP mainstream, con el riesgo de enfadar a parte del fandom… y con la posibilidad de acertar justo porque no intenta repetir fórmulas agotadas.
Un terror más pequeño y más cercano
Los primeros detalles que han ido cuajando apuntan a un enfoque más íntimo que épico: el protagonista sería un tipo corriente, un mensajero o “courier”, que queda varado en una carretera y se ve arrastrado hacia un lugar que huele a Raccoon City, como un descenso a un infierno que no entiende. Esa perspectiva de “ciudadano atrapado” encaja con el tipo de terror que Cregger maneja bien: tensión sostenida, amenaza que se revela por capas y esa sensación de pesadilla cotidiana que no necesita ejércitos para dar miedo.
En el reparto, el nombre que se está poniendo en primera línea es Austin Abrams, acompañado por Paul Walter Hauser, además de incorporaciones como Zach Cherry o Kali Reis que refuerzan la idea de un elenco menos “cara de póster” y más “gente real metida en un lío imposible”. Si el plan es terror de supervivencia y paranoia corporativa, el casting parece construido para vender vulnerabilidad antes que superhéroes.
La cuerda floja con el canon
Todo esto también se entiende mirando el historial: Resident Evil ha sido una marca rentable en cine, pero su relación con los videojuegos es una cuerda tensa. Cada vez que una versión se acerca a la iconografía clásica, se le reprocha que se queda en cosplay; cada vez que se aleja, se le acusa de traicionar el ADN. Cregger, según ha contado en entrevistas, asume que le van a “dar” haga lo que haga, y por eso prefiere perseguir la sensación de jugar —el miedo, la amenaza invisible, la escasez y la huida— más que una lista de referencias al canon. La buena notica es que ya hay fecha fijada para el estreno en cines, 18 de septiembre de 2026, lo que coloca la película como apuesta fuerte de temporada.















