La niebla del lago Michigan ocultaba algo más que un día gris: bajo sus aguas, un fragmento olvidado de la historia descansaba desde hacía más de cien años. El hallazgo ha sido obra de Christopher Thuss, un pescador del estado de Wisconsin, que durante una jornada rutinaria frente a la ciudad de Manitowoc detectó la silueta sumergida de lo que resultó ser el JC Ames, un remolcador construido en 1881.
Su descubrimiento, confirmado por la Sociedad Histórica de Wisconsin, ha reavivado el interés por las rutas industriales y los naufragios que jalonan la historia de los Grandes Lagos.
Un remolcador de 1881
El JC Ames, construido por el astillero Rand and Burger, fue en su día una de las embarcaciones más potentes de la región, con un motor de 670 caballos de fuerza. Se utilizaba principalmente para el remolque de carga pesada, especialmente madera y vagones ferroviarios, elementos clave en la economía del Medio Oeste estadounidense a finales del siglo XIX. En 1923, como era costumbre de la época con embarcaciones obsoletas, fue abandonado y dejado a la deriva para que se hundiera por sí solo en las profundidades del lago. Así permaneció, oculto bajo la arena del fondo, hasta que las tormentas del último invierno lo desenterraron parcialmente.
Tamara Thomsen, arqueóloga marítima de la Sociedad Histórica de Wisconsin, ha calificado el hallazgo de “emocionante” y ha subrayado la importancia de estos descubrimientos fortuitos para reconstruir la memoria regional. “El barco llevaba décadas enterrado en la arena. Gracias a condiciones climáticas recientes y al ojo atento de un ciudadano, hoy podemos devolver a la comunidad una parte olvidada de su patrimonio”, afirmó. En estos entornos, los arqueólogos trabajan contrarreloj: especies invasoras como el mejillón quagga pueden dañar gravemente las estructuras sumergidas, desintegrando en pocos años lo que el tiempo había preservado durante siglos.
El naufragio del JC Ames se suma a una impresionante lista de más de 6.000 barcos hundidos en los Grandes Lagos, que forman uno de los cementerios acuáticos más grandes del mundo. Muchos de estos restos están documentados, pero cada nuevo hallazgo ofrece detalles adicionales sobre las prácticas industriales, tecnológicas y sociales de una época clave en la expansión económica de los Estados Unidos. “Estas embarcaciones son cápsulas del tiempo. Nos hablan del comercio, la navegación y del día a día de una sociedad en transformación”, señaló Thomsen.















