Donald Trump ha vuelto a elevar la temperatura sobre Cuba con unas declaraciones que suenan a amenaza y a cálculo político a la vez. Este lunes aseguró que sería para él “un gran honor” “tomar Cuba” y añadió que cree que puede hacer con la isla “lo que quiera”, en un momento en que La Habana atraviesa una crisis energética extrema y mantiene conversaciones abiertas con Washington.
La frase llega además con el país en una situación muy delicada. Cuba sufrió este 16 de marzo un apagón total, el tercero de gran escala en pocos meses, mientras el Gobierno reconoce que no recibe petróleo desde hace más de tres meses y trata de sostener el sistema con una mezcla precaria de térmicas envejecidas, gas y energía solar. Ese colapso energético es el telón de fondo real sobre el que Trump está presionando.
Presión política sobre una isla en plena asfixia energética
Lo que todavía no está claro es hasta dónde llegan las negociaciones. Reuters y AP coinciden en que Díaz-Canel ha confirmado contactos con Estados Unidos, pero la parte más explosiva del relato —la exigencia de apartar al presidente cubano como condición de un acuerdo— circula por ahora a través de referencias a informaciones publicadas por The New York Times y no de un anuncio oficial de Washington. Ahí está una de las claves: hay presión visible, pero todavía mucho terreno cubierto por fuentes no identificadas.
Trump, en cualquier caso, no está improvisando del todo. Ya a finales de febrero había hablado abiertamente de una posible “toma amistosa” de Cuba, y en enero había amenazado con cortar por completo el flujo de petróleo y dinero hacia la isla. La novedad es el tono cada vez menos ambiguo: ya no insinúa solo un cambio, sino que se coloca a sí mismo como el hombre que podría pilotarlo y capitalizarlo políticamente ante su electorado.
Una negociación opaca en medio del colapso
Mientras tanto, La Habana intenta abrir otra vía. Este mismo lunes Reuters informó de que el Gobierno cubano quiere permitir que exiliados y cubanoestadounidenses inviertan y sean propietarios de negocios en la isla, un giro de enorme calado en medio del ahogo económico. Esa apertura sugiere que el castrismo está buscando oxígeno con urgencia, pero también que intenta negociar desde la supervivencia, no desde una rendición explícita.















